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sábado, 21 de febrero de 2026

 




SAN DOSITEO TIEMPO DE CUARESMA. VENEREMOS AL PATRÓN DE MEMBIBRE DE LA HOZ

 

Hoy 21 de febrerillo loco es san Dositeo. Viernes de Cuaresma.

Escucho desde mi ventana el chirrido de las becadas que han vuelto y vuelan migratorias hacia el norte. Esta algarabía que escucho habitual año sí y otro no. Se esponja mi corazón y me obliga a proferir un canto de alabanza a mi Creador.

¡Cuán grande es el Señor¡ hasta las grullas alborotando en las antiguas eras al pie del castillo de Villafranca prorrumpen en gritos de alabanza. Lent. Veliki Post. Tiempo de ayuno.

 Sustine et abstine. Guardar continencia. Años atrás no encendía pipa hasta el sábado de resurrección. Ya no fumo por lo cual el caso ya no es tarea. Guardar continencia ya no lo es. A mis 81 años y medio, los fuegos fatuos del erotismo se me han apagado.

La libido no sólo no se enciende sino que me causa risa y yo soy un monje blanco, un fraile sin monasterio, abad de mis propios deseos.

Guardo la Regla como me da la gana y me extasío escuchando el canto primaveral de las grullas. Las cigüeñas ya han vuelto aunque aseguran los ornitólogos que esas zancudas ya no se van, continúan machacando el ajo en sus enormes nidos en lo alto de nuestras torres.

La becada scolopax rusticola es ave migratoria que busca los humedales del norte de Europa hacia finales de febrero. Pero la grulla, a mano contraria, regresa al norte. Vuela para criar en Finlandia y en Suecia.

Dicen que es extremeña pues en Cáceres tiene la invernada, con sus patas largas, sus elegantes penachos, el alto copete. Son por unos días las reinas de la dehesa al pie del castillo de Villafranca.

Su parloteo no se interrumpe ni de noche. Es una maravilla que me hace pensar en que lo bueno no se acaba. Me olvido de las locura, desaires y desafíos de ese Mr. Trump que está medio loco y muy contento al volante de mi buga me acerco hasta Membibre de la Hoz por ser hoy san Dositeo nuestro patrón.

 En un par de horas cruzo la cordillera y me planto ante el atrio de la iglesia de Membibre donde yo jugaba con los de mi cuadrilla al chito y al zorro-pico-zaina y veo bajar una estantigua que desciende  del cielo hasta posar sobre la puerta de herradura cerrada a cal y canto.

 Ya no hay gente, chiquitos, media docena de vecinos y por el verano algo más.

 Membibre para molinos, decía el cantar. Todos se han derrumbado. El río Hoz daba sartas de cangrejos. No queda ninguno. 

La casa del abuelo Severiano larga de hechura con tejaroz que parecía un sombrero fue vendida al igual que las tierras de labor y lo mismo que el majuelo. Aquella viña era el ojo derecho del abuelo Parra. Mi padre y mis tios todos muertos: Silvino, Felipe, Ursino, Petra, Manahén y la Domitila que se murió al nacer. 

Voy recorriendo los letreros de las tumbas en este camposanto semiabandonado de mi pueblo  y aparecen nombres que no parecen de estos tiempos sino que evocan la costumbre de bautizar a los recién nacidos con el santo del día: Verulo, Secundino, Siricia, Servula, saturnina, Fortunato, Venancio, Maximiano, Patero.

Severiano Parra,  en honor al obispo y mártir de Escitopolis en Palestina se llamaba mi abuelo.

Lo bautizó don Valerio Ventolero un párroco que fue del pueblo a finales del siglo XIX. Le gustaba el traguillo y las mozas. En la rectoral siempre servía un ama cojonuda que le parió doce hijos a los cuales los metió en la inclusa.

 ─¿Cómo tú por aquí, Silvino?

─Yo soy Antonio.

─¿No eres tú el hijo del sargento Parra?

─El mismo.

─Pues dispensa. Es que me ha dicho el oftalmólogo del Paraíso que he de ponerme gafas y ya le he dado un toque a san Pedro para que me compre unas gafas. 

─¿Necesitáis gafas ahí arriba también?

─Si eres corto de vista, sí. Anda que no.

─Puaf.

─¿Y qué te trae por acá?

─He venido  a veros a vosotros.

─Pues aquí hay poco que ver. Ya sabes. La España vacía. Pocos y mal avenidos como los galgos de Zurita. Estando en estas bajaron dos ángeles y dijeron a Ambrosio metiéndole prisas:

─Espabila. Que están tocando retreta. Basta ya de darle a la húmeda. Recuerda que eres un difunto

Desapareció la visión. Los trasgos se fueron. Membibre se quedó sin fantasmas y yo  con mi melancolía y las ganas de saber más pero nadie ha podido desentrañar hasta ahora los secretos de ultratumba.

Cuentan las crónicas por ahí que los Parra somos judíos conversos y no sé yo. No me parece a mí. Lo único que somos muy rezadores, algo mirados para el dinero sin ser tacaños. Cuando estamos en oración balanceamos el cuerpo. Nos gusta estudiar. Vamos por el mundo cargados de  libros. Nos prueba el traguillo. No somos lujuriosos pero nos encanta comer. Así que nos vendrá muy bien el ayuno cuaresmal pero no nos queráis meter en el mismo saco que ese don Benjamín el sacamantecas de niños palestinos o el Trump que es un venado. No los Parra no pertenecemos a esa estirpe.

─ Puede que seáis los de la Numero Trece perdida. ─Pues a lo mejor. Quién sabe. Nadie puede decir que este cura no es mi padre.

 

sábado, 21 de febrero de 2026