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miércoles, 7 de marzo de 2018

Valladolid: “por haber dicho cosas luteranas al oído del moribundo”. Y en su postura a favor de los episcopados sedentarios – los obispados eran itinerantes como lo era la corte- va a chocar frontalmente contra el arzobispo de Sevilla, el asturiano Fernando de Valdés, nombrado inquisidor general. Un sobrino suyo, el deán de Oviedo, lo denuncia  bajo ciertas sospechas y barruntos  de herejía al Santo Oficio, contenidas en su Catecismo de la Vida Cristiana. Roma, como siempre, va a dar largas. Las transposiciones literarias del Evangelio ad pedem literae pueden dar lugar a conclusiones extremas y ocasionar Biblia en la mano efusiones de sangre. Ese fue el lado malo del arzobispo y de los seguidores de Lutero y de Calvino que dieron el salto desde la teocracia medieval a las bibliocracias del mundo anglosajón en una interpretación intimista de las relaciones con Dios y el espíritu de lucro, la moral de circunstancias, la importancia del dinero, la concepción anárquica frente a la idea jerárquica, el poder viene del pueblo no dimana directamente de Dios, etc. Por ahí empezaron en Europa las terribles guerras de religión. Lamentablemente la Escritura, que es palabra de Dios, en boca de los hombres, puede llevar a conclusiones extremas, convirtiéndose así, a redropelo, en semilla diabólica. Los que defendían una fe a palo seco, altares despoblados de santos e indevotos de la Virgen María, guiados por la soberbia, desdeñan el punto de contacto de la SRI (santa romana iglesia) con los dioses oscuros de la antigüedad y de todo ese paganismo de ritos y costumbres que Cristo divinizó con su mensaje de la Buena Nueva.  El fundamentalismo es intolerante. Los fanatismos no son recomendables, cosa que se está viendo con el Islam. Felipe II, al que le siguen llamando el demonio meridiano, atajó el mal en ciernes, librando a sus estados de un incendio religioso, aunque tuviera que enviar a un penal al primado de Toledo más de tres lustros. El Padre Astete, que fue precisamente uno de los jesuitas que ayudaron a bien morir a los amigos del arzobispo en el cadalso de Valladolid, va a recomendar a los cristianos que lo mejor es la fe del carbonero y decir sí o no como lo manda la Santa Madre Iglesia. No meterse en camisas de once varas ni en teologías. Si los archivos vaticanos desempolvan sus ligarzas ahora se sabrá un poco más de aquel buen dominico de buena fe y de amplia vida interior, aunque dejó poco escrito salvo el “Catecismo”. Por lo cual nos tememos que sea bien exiguo lo que salda de los fondos inéditos, pero proporcionará ocasión a los sedimentos del contubernio a pasárselo a la Iglesia y a los católicos por el pico. Con el drama de un religioso que quiso vivir el Evangelio con todas sus consecuencias tendrán ocasión para alimentar la gran hoguera de calumnias contra la Iglesia. Ojo con los rogelios tramoyistas de un nuevo auto de fe como el que se vivió en Valladolid aquel octubre de 1559 y  que puede revivirse a la inversa en la España de cuarto año del tercer milenio. Un otoño caliente nos espera pues han vuelto las guerras de religión cuando las creíamos sobreseídas.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
LVII
 
 
 
CASTA DE HIDALGOS. RICARDO LEÓN
 
Me recuerda mi adolescencia. Comillas. Los bellos paisajes montañeses. Liébana y Santillana del mar. El destino marca rutas y hay un misterioso pronóstico de tu vivir en los lugares que visitas. Hay dos Asturias. La que termina en san Vicente de Asturias y la de Oviedo que se extiende hasta la ría del Eo. Aquellas marchas por el monte y los paseos por la solitaria y desolada playa de Oyambre.  Allí pasé un año  cerca de la mar océana a la vista de un tómbolo o isleta que se cubre de agua con la pleamar y es accesible por un camino por tierra cuando se retiran las olas con bajamar
Ricardo León es un estilista que supo encontrar en nuestra sangre la raíz de los godos y narra este encuentro con el pasado castellano en un estilo trabajado y una lexicografía añeja pero que trae a las mientes el sabor de los vocablos cuando las palabras significaban el todo por el todo. A la cruz de la fecha hoy cuando la pobreza verbal nos cerca y nos oprime a este adalid del estilo no se le admira motejándosele de rancio.
Casta de Hidalgos  es un libro que no fue tallado con pluma sino esculpido a buril. Describe las casas de dinteles blasonados, memoria eterna de una raza, los amplios estragales y las balconadas. Santillana del Mar se reclina de espaldas al mar en el manto de unas montañas que muestran sus crestas erguidas por las que asoman los picos de Cantabria.
Villa guerrera e hidalga. Las rosas florecen en el balcón mirando al mar… aquella morena que está en la ventana con la mirada me dice que me da su corazón… cantaban los mozos rondadores. De mi época. Aquella morena pudiera ser una reina. Se llamaba tal vez doña Labra o doña Violante, vaya usted a saber. Embrujos y miradas de la Arcadia. Hortus conclussus del pensil hispano. León retrata a los hombres de negra ropilla y de garzotas cimbreándose sobre el gorro montañés como plumas de gallo. Un poco más allá, el sol dora la playa y las olas vienen y van dejando una cola de encaje blancos que recordarán a aquellos caballeros los alquiceles morunos contra los que pelearon a la vera del Guadalquivir.
 Hay un gesto de  fatiga en el rostro de los que vuelven de pelear. Se quitan el almete, el peto y la armadura, dejan las grebas en el portal y se calzan las abarcas campesinas o se visten de la cogolla y del tosco sayal. Monjes y soldados. Todos tienen un algo de campurriana nobleza en el mirar. Pueden soltar en cualquier instante una parrafada de poema épico… yo soy Ruy Díaz el campeador de Vivar, ferid los caballeros por amor y caridad. Un borní vuela cetrero por la pomarada y su grito de guerra se mezcla con el lamento poético de un ruiseñor asturiano. Subamos hasta la colegiata por el camino empedrado. Por estos bordillos hizo ya su desfile la historia. Los hombres son altos, de cuerpos atléticos, y como diseñados con tiralíneas. Las mujeres hermosas y recatadas. Se cubren el rostro con el griñón moruno. Sólo salen de casa para ir a misa y su vida transcurre oculta y callada entre el escriño, la rueca y la labor del hogar.
Santillana es alto lugar de poesía y de silencios. Es la edad media hecha poema épico y muda crónica de hazañas labradas en la piedra de sus casas blasonadas que guardan las genealogías y las estirpes en sus arcas carcomidas: los Verdugo, Tagles, Ceballos, Quirós, Barredos. Allí vivió Velarde el que la sierpe mató y con la infanta casó. Hay lambrequines en las fachadas y escudos con roeles y barras siniestras. Siempre que la visito busco el apartadero del Campo de Revulgo entre los árboles y las fuentes sombreadas por alisedas. Allí en el sosiego; me parece escuchar el rumor de gente que vive y que habla dentro de las casonas cerradas pasto de las hierbas y acometidas por el comején de la humedad que amenaza. Son los fantasmas de mi España. Pero este gran periodista que asistió como corresponsal de guerra a la batalla de Verdún desde el lado alemán escribió otros buenos libros y uno de ellos fue Jauja
 Jauja es el tinglado  benaventino de la antigua farsa. Trabajaba don Ricardo en su chalecito de Torrelodones novelas clásicas en un estilo pomposo y arcaizante al cual nadie podrá negar la elegancia y su numen de vate malacitano. Siempre se asoma Andalucía a sus páginas lo mismo que Cantabria (Casta de Hidalgos). Escribía pro aris et locis. Se ganaba la vida como escribiente de un banco, pagándose la publicación de sus libros y debió de ser un don Juan porque entre los lances de su amorosa vida – el amor de los amores- se cita a la escritora santanderina Concha Espina.
En sus novelas se siente España, la tristeza del soldado que vuelve a la patria victorioso cubierto de medallas al cual le alzan una estatua sí pero le niegan un trabajo y el héroe se muere de hambre. Esta es la trama de uno de sus mejores libros, Jauja, el más autobiográfico. Ricardo León fue al igual que Pedro Antonio de Alarcón soldado en la guerra de África peleó contra Abdelkrim y se distinguió por su heroicidad en un blocao de Dar Akoba como único superviviente de una compañía que resiste loas embestidas de una cabila. Lo que no lograron los moros lo van a conseguir los cristianos. El sargento Ciruelo por un lío de faldas es asesinado por la espalda a lo largo de una cacería por el marido de su amante. Castiella face los omes. Esta es la trama de esta narración que empieza con visos de comedia, salpimentada por el gracejo y el garbo andaluz y rota, al albur de las pasiones desatadas en un pueblo jienense, hacia los despeñaderos de la tragedia.
Juan García se alista en la legión para salir de la pobreza (a la guerra me lleva mi necesidad/si tuviera dineros/ no fuera en verdad/, canta una copla) en que vive su familia que pertenece a una de las de más abolengo del pueblo y del Rif regresa con los galones de sargento y con un brazo de menos. Sus paisanos le dispensan una recepción apoteósica, el alcalde requiere los oficios de un escultor para que le levanten un monumento. A los pocos meses ya nadie se acuerda de la gesta, se echó al olvido la hazaña aquel ilustre hijo de Jauja.
Tiene que vivir pegando sablazos y para su fatalidad traba amistad con la hija del alcalde malcasada con Pavón, Candelaria, durante las fiestas del antruejo. Mal acabará aquel carnaval. El marido no lo sabe pero pronto lo sabrá (todo el mundo lo sabía/todo el mundo menos él) de modo que tal extremo va a dar a la novela un carácter lorquiano, aunque mucho menos sangriento que “Bodas de Sangre” o la “Casa de Bernarda Alba” y más bufo porque León taja su pluma en los acentos de la jaranera Andalucía, y dentro de unos patrones absolutamente clásicos. Anguis latet in herba, nos advierte. La sierpe se arrastra bajo el césped.
Don Ricardo, el que volvió de la guerra de Melilla y quedó útil para los servicios auxiliares (tuvo una paga de mutilado de guerra que le ayudó a sobrevivir compaginando estos haberes con un puesto administrativo en un banco de Santander, lo que le permitió comprarse una casita en Galapagar y editarse sus libros en la Librería de Victoriano Suárez muy bien impresos por cierto, cada capítulo abre con una letra capital) estampa aquí algo de su biografía, el desaliento y la incomprensión de aquellos cuyo feudo defendió con las armas en la mano, la chabacanería e hipocresía de una ciudad levítica obsesionada con el qué dirán. En Jauja todo se olvida y se perdona. Se puede hacer cuanto le pete al demonio al mundo y a la carne pero a la chita callando, recatadamente, tras muchas llaves y cerrojos. Robar a los vivos y a los muertos pero guardando las apariencias con el respeto de las leyes y bajo la fe del escribano. Lo que no se puede hacer ni se perdona es “dar que decir” y el poner en berlina a los demás”.
Este parlamento del alcalde Mirambles marca el paso de la trama donde se entreveran personajes  tan bien descritos como el arcipreste don Rafael un cura de manga ancha, el general Cienfuegos héroe de las lomas de Carey y que ahora tiene en su casa una pajarera y se dedica a dar alpiste a los canarios, gordo y panzudo y con un coranvobis que no le cabe en el sillón, el archivero gallego el teniente de la armada Pavón marido engañado el que porta la cornamenta y arrima los podencos de la rehala de la alcalde en las montería como quitador  de husmeo y cobrando sus presas, descuidando su propia parcela, la magdalena arrepentida Candelaria; Tula Cienfuegos el ángel del hogar que se enamora del protagonista (no hay ser más peligroso que una hembra despechada) o el inglés mister Plot accionista de las minas que se abrieron en Jauja. Es todo un cuadro de actores que se enfrentan a una trama contada como si fuera una cacería. Se escucha a lo lejos el latir de las rehalas, los gritos de los ojeadores y el sonido lúgubre de las caracolas.
La muta de lobos discurre por los desgalgaderos y pendientes de Sierra Morena entre jarales y retamas, lentiscos y florecidos cantuesos. Bella estampa cinegética dentro de un paisaje grandioso el de Despeñaperros donde, pasada la famosa venta de Cárdenas Europa se asoma a África y en los días claros se divisan los turbantes nevados de los montes de Tingitania.
Torpe y maléfica ciudad patria envidiosa, pueblo, ingrato y ruin que haces a los hombres y los desgastas, que haces los héroes y los matas y en cada homenaje pones un sarcasmo y en cada estatua una picota.
León se queja de lo mismo que se quejaba el juglar del Mío Cid y de algo que entristeces a todos nuestros escritores del barroco: España dulce albergue de extranjeros y madrastra de sus propios hijos. La ingratitud además de la hipocresía o del adulterio constituyen la carpintería de esta obra que brotó de la pluma de un novelista a los que los runflantes que van instalados en la carroza tachaban de carca pero que conocía bien su oficio porque aquí, desde siempre, unos crían la fama y otros cardan la lana.
Cotejando sus páginas con la de los supervalorizados, Galdós o Baroja, estos dos monstruos sagrados salen perdiendo  por más que los críticos remendones y hermeneutas del refrito digan lo contrario. España es un gran país. Por ende su literatura es una caja de sorpresas.
Otro personaje soberbiamente trazado es el del vicario hombre tolerante y magnánimo que trata por todos los medios de salvar a Juan García Olavide de las fauces de la jauría primero cazándolo con su ama de llaves y después otorgándole un salvoconducto. Los planes del clérigo naufragan de la misma manera que fracasaron los de fray Lorenzo el de Romeo y Julieta de Shakespeare  en su intento por salvar a los dos amantes.
A Juanillo García Olavide alias Ciruelo, el sargento legionario, le da muerte el marido de Candelaria emboscado entre los tollos de la Cueva del Pipe en una emboscada montesina. El héroe de la guerra de África andaba por malos pasos y a la flor del berro, se iba de putas, derrotaba por las tabernas.
Una noche se enfrenta a su propia estatua elevada en el cruce a la entrada de la población y habla con su sombra intentando en medio de su borrachera arrebatarle todas las medallas y laureadas que el ídolo de barro cuelga en las hombreras porque ya no sirven de nada. La escena resulta de un dramatismo tan pintoresco como el del comendador Juan de Mañara que lleno de españolísima osadía convida a cenar a un difunto en nuestro teatro clásico. Es el mito de don Juan tan repetido encajado entre los joyeles y engastes de una gran prosa donde lo pomposo no anda a la greña con lo jocoso y satírico. Jauja es una diatriba contra la sociedad española en los años de la dictadura de Primo de Ribera, denunciando bellaquería e imposturas, cuando, ay, mucha más libertad que en la España de 2014 enquillotrada, zafia y mucho más zaina y cabreada que la de entonces.
 
 
 
LVIII
 
 
 
ROMANCE DE AMOR DIVINO DE LÓPEZ DE UCEDA
 
Sólo cuando un pueblo se ensimisma se muestra capaz de alta poesía y esto sucede, verbigracia, en la lírica que surge en Salamanca a partir del siglo XVI que preside un místico poco conocido y natural de Oropesa (Toledo) y que explicó Teología en Salamanca. Al autor de “romance de un alma que desea perdón”, Juan López de Uceda fallecido en 1595 se le considera discípulo eximio del agustino Orozco que fuera capellán y confesor de Carlos V y cuyo lema era escribir y predicar a mayor honra y gloria de Dios y de la virgen María. Se cumplen cuatro siglos de la muerte del poeta, un gran desconocido para los españoles de hoy quienes, como venimos diciendo, viven infatuados por el gran espejismo de la cultura anglosajona, se dan de lado tales disquisiciones. Es como una plaga bíblica para los que escribirlos y nos sentimos castellanos. En la escuela mística salmantina se inscriben estrellas mayores como Juan de la Cruz o Teresa de Ávila o Miguel de Molinos pero hay otros astros menos conocidos aunque de no menor porte como es el caso que nos ocupa.
López de Uceda se inspira en una seguidilla profana para transformarla en canto de amor divinos:
Yo me iba ay dios mío a ciudad reale
Errara el camino
En fuerte lugare
Salí zagaleja de en ca mi madre
En la edad pequeña
En la dicha grande
Diome ropa limpia
Quedé como un ángel
Y tal gracia tuve
Que logré agradarle
Lo que ocurre es que el amador en este poema no es un hombre de carne y hueso sino el propio dios. Precluye la entrega. Es el abandono total en manos del Criador. El alma que busca perdón sigue una ruta ascética que consta de los siguientes jalones:
-vía purgativa
-iluminativa
-unitiva
El poema es totalmente alegórico. Nos desborda su simbolismo. Ciudad Reale no es la Ciudad Real manchega sino la Jerusalén celeste, la meta soñada de los que abrazan la cruz de Cristo. Entremedias en su ascensión a la cumbre el alma ha de afrontar no pocos peligros. Se pide que tenga un buen discernimiento para distinguir el bien del mal. Y la zagaleja es el alma cristina y el “galán hermoso, que la rapaza se topó en la calle y el cabello en crenchas pude enamorarle” es Jesús. Que rescata al hombre de las garras de la muerte, lo viste, lo calza, lo alimenta con su propio cuerpo (eucaristía):
Hizo que me sirvan sus propios manjares
Su plato
Su copa
Su vino y su pane
Todo es precioso simbolismo interactivo. El verde color de esperanza es la prenda que han de vestir los bienaventurados y hay un ángel que nos cuida y hay una sortija de oro y otra de azabache símbolos del Amor y del Temor. Se trata pues de un prodigio estético y una de esas maravillas del alma e idioma castellanos en su precisión, concisión, calado, hondura teológica que no perdieron frescura al correr de los siglos. Este romance es como una rosa fragante. Es la perla escondida con la que el lector estudioso se encuentra a través de sus copiosos escrutinios. La literatura española es uno de los grandes exponentes del arte universal y en buena parte es un continente sin descubrir. Es el vino nuevo del evangelio guardado en odres viejos que sólo degustarán unos pocos paladares afortunados, los predilectos de los dioses...
De Juan López de Uceda poco se sabe. Que era hermano de Francisco López de Uceda el que diera a las prensas la “Pícara Justina” y que fue amigo y discípulo del agustino Orozco. Su composición a lo divino es la versión de una letrilla de zarzuela que se cantaba en España allá por el siglo XVI y que termina con una escena escabrosa: el ayuntamiento carnal de un viajero que va de paso con una serrana de un puerto de Extremadura. El tema fue tratado por la gran novela pastoril del siglo XV. La serrana debía de ser muy hospitalaria…
Comeréis la leche en lo que el queso se hace
Y haremos la cama junto al retamal
Y haremos un hijo que se llamará Pascual
López de Uceda, fraile agustino, da la vuelta a la historia y transforma la trova picaresca en entelequia mística por la vía unitiva. La serrana es el alma y el viajero que pasa es Jesús. A día de hoy la comparanza se presenta con resabios obscenos pero bien pudiera ser un vademécum de entrada al laberinto de la poesía mística española de Juan de la Cruz tan sensual y tan basada en el Cantar de los Cantares. Se interpolan los campos. El verbo se hizo carne y de ahí esa apariencia tan sensual. Raigambre hebrea del misticismo y del catolicismo español. A un lector poco avisado puede parecerlos que Juan de la Cruz y Teresa de Ávila se vayan por los cerros de Úbeda confundiendo el ámbito de lo divino con lo humano. Esta carnalidad sembraría los cimientos del iluminismo y las aberraciones de los alumbrados. Surgen en conventos de clausura monjas que querían ser poseídas carnalmente por Jesucristo y acababan en brazos de algún fraile poco escrupuloso que fungía como su confesor. O los predicadores que pronunciaban sermones basándose en la máxima del “pecca fortiter”, Agustina. Hay que pecar mucho para luego arrepentirse mucho. Era la teología de Miguel de Molinos el jesuita que se lo montaba con las grandes damas de Roma. Con más de una abadesa. Cristo para mí no tiene sexo. Está por encima de los dislates de la carne pero por de esto mismo algo funcionó mal en la vida religiosa y social española aunque reconozco que es una manera, una más, de interpretar a Dios, si se quiere desde la lascivia y del deseo carnal, consustantivo al tiempo de los Austria. Pese a todo esto, el romance, salvo el título que suena a despropósito, es una joya; fue escrito por un monje converso, uno de esos curas españoles de antaño que tanto sabían de cosas de amor aunque las crónicas señalan que esta experiencia fuera teórica y no practica a través del confesonario. Tirso de Molina por ejemplo un experto en la condición femenina… ¡Um! Mucho sabía el mercedario.
 Dicho lo cual, es obvio que el enunciado de la unión mística con el Esposo, expuesta tan crudamente en esa Ciudad Reale, iba a traer de cabeza a los sabuesos de la Inquisición.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
LIX
 
 
 
 
 
COLGAR EL RATÓN
Los futbolistas cuelgan  las botas. Algunos curas la sotana y yo voy a colgar el ratón de Internauta pues tengo la sensación de predicar en un desierto. Ni me escuchan ni me entienden. La gente anda muy encastillada en su ego. Hoy cumplo 64 años que es casi el doble de la canción de Julio Iglesias. Treinta y tres años. Quien lo diría. Me despertó por la mañana y un beso de una de mis hijas,  me alegró pero treinta y tres años multiplicados por dos así que haticuenta ya uno no es uno un recental. Madre mía que pronto pasa el tiempo. Colgar el ratón ciertamente pues es vano ejercicio esto de escribir. La gente no atiende. Parece vivir en cámaras insonorizadas. La palabra ha muerto,  viva la imagen.  Tengo en frente a una sociedad hedonista y egoísta que no escucha, vive entre el tópico y la banalidad. Así que colguemos el ratón démosle mulé metafóricamente se entiende a Guillermo Puertas y dejémosle tan pichi entre sus bitácoras sus blogs lo que la gente escribe para que nadie le escuche. ¡Ay esta noche de mi aniversario  cuánto dolor por el camino! Ahorco los hábitos pero yo nunca quiebro la pluma. Yo sigo. En realidad cuando creí que los libros valían algo fui librero de lance lo que yo quise ser después de venirse abajo otro sueño el de montar la guardia junto a los luceros. Oigo voces y las pongo todas sobre el papel. A veces se escucha una algarabía de frecuencias diferentes y de rostros macabros de mujer. Señor habla que tu siervo escucha. Sí Señor pero ¿a quien? Esta impotencia de no llegar nunca a ser lo que pudo ser de no atañer el ideal cuando casi estaba tocándolo con la punta de los dedos y me quedé con las mieles en los labios. Yo funcionario suspendido de empleo y sueldo. Yo librero. Amarrado al duro banco de la galera de la literatura escuchando el estallido del rebenque sobre mi cabeza. Cía, cia. Marinero. Una palabra siga a la otra. ¿Qué pone ahí? Leñe pues yo mismo ni lo sé. Escucho las voces y las consigno en el papel. A veces es la gritería tal que no entiendo lo que dicen. Son cosas muy contradictorias pero in contraditione peperuit me mater mea. Yo quise ser literato y periodista de relumbrón pero di con mis huesos en la calle- top manta de los libros viejos esparcidos en rátigo, la profesión más despreciable. Venta de por junto y al por mayor. Eso se llama pignorar el alma. Letra muerta que no sirve para nada y pesa mucho. El papel se ha convertido en muro de lamentaciones pero es un ejercicio inane y variopinto.  No quedaba otra opción. Tirar la boina y tender los libros viejos sobre el suelo esos que yo adquirí con mis ahorros y que me costaron tanto esfuerzo sobre el bulevar en espera de que llegasen clientes. ¿Cuánto es? Un euro. Se lleva usted un buen libro de buena lectura. Las confesiones de San Agustín. ¿Y para que me sirve Agustín? Para ahorcarme. Ese era un obispo africano que le gustaban mucho las mujeres. Tuvo una madre posesiva y una novia nubia que debió de ser muy guapa y la añoró pero tiran más dos tetas que dos carretas sobre todo son las tetas de un obispo de esas mujeres de rompe y rasga y de aquí estoy yo, pues menuda debía de ser doña Mónica. Lágrimas sobre la arena de la playa de Ostia. Recuerdos las mareas de san Agustín cuando el verano está en su cenit y empieza el declive del solsticio como el de todas las cosas. La melancolía y la retórica agustiniana marcan el principio del fin de una civilización. Para que quiero yo a ese santo. Es viejo y murió hace muchos siglos por el siglo tercero o cuarto y dice cosas maravillosas utópicas que no me sirven para nada, yo soy camionero soy transportista oiga. ¿No tiene revistas de gachís para hacerme una paja cuando esté en el punto mirando al tendido? No vendo pornografía ya se lo dije sólo buena literatura. Quede usted con dios. Bah paparruchas retóricas filosofías y se alejó murmurando insultos contra mí entre dientes. Al pobre librero de viejo nadie lo comprende. Pero se estaba bien en aquel paseo una soleada mañana de invierno. Se veían los lomos de la sierra y el cacumen granítico de la cordillera guadarrameña. Entre cigarrillo y cigarrillo entoné un aire de la sierra:
“Marranillo de febrero vete con tu padre al humero”
Los compañeros de los otros tenderetes me miraban con melancolía y se llevaban la mano a la sien como diciendo este sí que está como las maracas de Machín. Yo solo estaba matando a la liendre del alma que me carcomía por fuera y por dentro. No sé cómo resistí, aun no me explico cómo pude salir de aquélla.
 
 
 
LX
 
GERMANA DE FOIX Y LA UNIDAD DE ESPAÑA
 
Se cumple el quinto centenario de la famosa Concordia de Salamanca, un hecho que a pesar de su trascendental magnitud en medio de los azorados meses que corren y lo corto de vista que nos hemos vuelto los españoles, obliterando nuestro pasado y, amnésicos, en ese intento contumaz   por consumar el legrado de memoria de una vida en común, suicida actitud (vayamos paso pues a muchos los árboles no les dejan ver el bosque) permanece en el olvido.
Sin embargo, en virtud de esta entente cordiale y el convenio matrimonial de Fernando el Católico con la sobrina de Luis XII se sella un armisticio con Francia que va a informar toda la política exterior de los Austrias: los matrimonios de conveniencia y por razón de Estado que serían múltiples desde el día de san Matías de 1500 en que nace el emperador Carlos hasta el de Difuntos de 1700 cuando expira en Madrid Carlos II el Hechizado. Princesas de la Casa de Valois para los herederos de la corona imperial castellana, príncipes de Asturias, a la recíproca, que marchan a París a buscar novia, Pacto de los Faisanes y aquellas famosas nupcias de Felipe IV con doña Isabel de Valois, su legítima en medio del gran harén en que no faltaron marquesas, esposas de sus privados y hasta monjas del convento de San Plácido y una cómica, la Pacheca, pues Marañón dice que el bueno de don Felipe IV era de una sexualidad  tan exaltaba que rayaba en femenina, en lo patológico esto es insaciable: se le contaron cerca de cincuenta hijos naturales.
Francia siempre Francia. Detrás de los Pirineos se alza el gran antagonista de los castellanos. Rivalidades sin cuartel. Fernando de Aragón  fundamenta esta alianza nupcial con el francés la mira puesta contra Inglaterra, cuya enemiga hacia nosotros también fue proverbial y  que empezaba ya a mostrar -es el otro gran refractario de los intereses hispanos- y donde el rey Arturo había engatusado a su yerno, Felipe el Hermoso, en una alianza antiespañola. Había prevenido una escuadra para conquistar Fuenterrabía. Fernando se adelanta a la jugada y afianza el respaldo del Palacio de Blois. Luego no cumpliría la mayor parte de sus promesas pues era un gran político pero debió de pensar que París bien valdría una misa. Así aventaría las desconfianzas del Palacio de San Juan de Letrán. El papado, un hecho paradójico, siempre cargaba el carro delantero del lado de Francia. En menoscabo de España, que para eso era Francia la hija preferida de la Iglesia.


Doña Germana de Foix no fue una mujer feliz. Su marido la tuvo un tanto arrinconada. El infante que nació de la unión nació muerto y pasó la vida como una reclusa en Arévalo donde la llamaban pinguis et bona pota por su afición a la buena mesa. Que le gustaba empinar el codo, vaya y para colmo era  coxa según dicen las crónicas. Consultando  minutas del Archivo Municipal de Arévalo hay algunos documentos que constatan el malestar de la corporación del concejo por la onerosa fiscalidad que sobre los hombros de los vecinos recaía a causa de la inclinación de la francesa por el dispendio y los banquetes. ¡Viva el lujo y quien lo trujo!
En aquella corte fue paje o menino nada menos que Iñigo de Loyola antes de su conversión y debió de pasárselo muy bien  de mozo gozando de la vida galante arevalense y cometiendo pecados según él escribe en sus Ejercicios que lloraría toda la vida. Le salieron al santo surcos por la mejilla a causa de las lágrimas de arrepentimiento por las calaveradas de su disipada mocedad. ¡Ah la marrana de Arévalo siempre tenía al verraco encima, siempre preñada y a pesar de eso nunca estaba contenta!
El rey, viudo y algo botarate, no le guardó lutos largos a su primera esposa Isabel de Castilla. Era 36 años mayor que Germana. Sin embargo, la política en este maquiavélico personaje uno de los mejores políticos que en este mundo han sido, conservaba prelación sobre el amor. En 1505 se suscribe el Pacto de Blois con la corona de Aragón y los protocolos vuelven a sellarse en la Concordia de Salamanca con la de Castilla  meses más tarde muy cerca de la casa donde se acaba de celebrar la tan traída y llevada cumbre iberoamericana. Este hecho de una magnitud sin precedentes va a apuntalar la unidad de España conseguida en 1492. La corona de Aragón por aquello del tanto monta, monta tanto, y por lo que decía Gracián  aragonés y español soy hasta la gola que la libertad siempre fue española va a jugar un papel relevante en esta unión de los reinos. Venimos un poco de las barras que llaman catalanas pero que en realidad son barras de Aragón. Dicho reino con el de Navarra - todos los historiadores son contestes- es el artífice de la fusión de las tierras de España primero con el Compromiso de Caspe de 1412 y más tarde con la Concordia de Salamanca.
La boda no se celebraría hasta el año siguiente. Germana es proclamada reina de Aragón y de Nápoles. Los primeros once años fueron felices pero a la muerte de su esposo que testó a favor de su hija doña Juana al quedar Germana sin sucesión quedó relegada la pinguis et bona pota en su palacio de Arévalo que yo he ido a visitar varias veces y está en ruinas acusando los estragos del tiempo pero aún le quedan las dovelas del arco de su puerta principal. ¿Qué fue de aquellos saraos? ¿Qué se hizo de tanto señorío? Una melancolía manriqueña me dominaba cuando pasaba por debajo del famoso postigo de Alcocer, uno de esos lugares cuyos manes siempre me fueron propicios a mí que he sido un impenitente defensor de la unión y la concordia entre españoles. Además, en su castillo pasó su infancia la gran reina de Castilla y el poso de aquel temblor, de aquel gran sueño creo que aún vibra en el aire.


Cisneros, aquel fraile correoso un perro fiel a quien sus enemigos denominaban la “galga en pieles” fue cicatero con la reina viuda y le cortó el grifo de los dineros dejándole una escueta pensión que le impidieron seguir el tren de vida que había llevado hasta la muerte de su esposo. El fraile franciscano temiendo bandos y una insurrección de los partidarios de Germana de Foix la tuvo bajo vigilancia. La reina en realidad era una reclusa en su jaula de oro del palacio de Arévalo. A la muerte de Cisneros en 1519 vuelve a casar con el Duque de Brandemburgo. Enviuda y matrimonia con el Duque de Calabria que recopiló una de las bibliotecas más famosas de la cristiandad. Germana de Foix acaba sus días en Valencia el 18 de octubre de 1538. Siempre se relegó  su memoria porque algunos cronistas pensaron que la sombra de Isabel pesó sobre la francesa como un maleficio. Ello no obstante, su vida romántica y novelesca, está ahí y constituye un desafío para los novelistas. Tampoco los cultivadores de la novela histórica han sido demasiado generosos con su figura. Sin embargo, el reto queda en pie para el que quiera contar la vida de esta francesa que fue protagonista de uno de los capítulos más interesantes  de la historia de España. Por supuesto, tuvo que aguantar las infidelidades de Fernando el Católico como príncipe del Renacimiento pero ella tampoco perdió el tiempo, al parecer.
 
 
LXI
 
EL CADETE
 
Rusia vive por estos días tiempos de exaltación honrando al último zar asesinado por las fuerzas siniestras y a la familia Romanov; algunos incluso dicen que Nicolás II resucitado en la persona del primer ministro Mevdevev tan parecido a él que es como dirían los ingleses “his spitting image”. Lecciones que nos da la historia. El crimen no paga. Los asesinos serán apartados a la gehena y los santos suben al cielo. El último zar con su bella familia, la emperatriz, el zarévich, y las cuatro princesas, que fueron fusilados un 18 de julio de 1918 en la tahona de Ipatiev el rico mercader de Yekateringrad (mandaba el pelotón un judío húngaro por nombre Imre Nagi y los soldados eran todos letones y estaban borrachos porque ningún roso tuvo el valor de accionar el gatillo contra el zar que siempre fue tenido en Rusia por un dios) fue canonizado.
La tragedia de la primera guerra mundial, la revolución de octubre, la toma del palacio de invierno y la guerra civil espantosa que subsiguió marca uno de esos momentos culminantes de la historia universal que tuvo correlativamente su parte alícuota de una enorme literatura. Pocas lenguas en el mundo con excepción tal vez de la griega, podrían plasmar el “pathos” de lo acontecido: los combates, las destrucciones de ciudades, las violaciones, las ejecuciones sumarias, los incendios, la miseria, el hambre en el marco de esa arquitectura de belleza melancólica en comunión con la naturaleza que brota de la pluma de los maestros rusos.
El cadete” de Leónidas Zurov es  novela lírica que canta al ejército ruso, a los cadetes de la Guardia Blanca, del regimiento Preobrajenski, que custodiaban al Zar en su palacio de invierno y en los perímetros de Tzarkoe Tselo en Petrogrado. Se trata de una casta historia de belleza y de pureza que exalta los nobles sentimientos de amor a la madre, amor a la patria, a la mujer que te sale al encuentro de tu vida, a la solidaridad y a la amistad. Por sus páginas se escucha el canto angélico del querubín y asoma el Cristo ortodoxo con sus ojos clementes y sus barbas mientras la Virgen María sonríe bendiciendo bondadosa desde el candil de los iconos. Suenan a lo lejos después de la nevasca las campanas de alguna iglesia.
Dentro de la catedral percibió a Kuny Miej. En las vetustas arcadas rebotaba la dulce melodía del oficio, los íconos centelleaban y al centro bajo la cúpula recogíase un expectante silencio que devolvía el sonido de los pasos”
Mitia es enviado a la academia de oficiales de Petrogrado. Quería ser militar igual que su padre el general Kornilov y va a sentar plaza en la escuela de Junkers. Tenía 14 años y aquel otoño de 1917 días después de las fiestas de la Asunción la campiña olía a manzanas “y las amarillentas mechas de los abedules enlutaban el alma… las filas de los arces aparecían mordidas de urentes arreboles; sobre el encristalado de la mansión zigzagueaban las llamas policromas”
La pluma de Zurov al describir el encuentro y la despedida del estudiante con su madre adquiere rotundidades homéricas. Esta le imparte su bendición según la costumbre ortodoxa. “En un recodo del camino, sosteniendo con la mano izquierda la fusta y el capote, Mitia se volvió haciendo el saludo militar y, perfilada sobre las gradas de la escalinata, vio a su madre que le bendecía, trazando sobre el aire pequeñas cruces”
Los diálogos son  contundentes, las descripciones, maravillosas. El alma rusa se hincha como el bulbo de la cúpula de un “sobor” (catedral) y protege como el manto de la Madona al lector. Y abundando en esto mismo existe el efecto “sobornosti” (catedralidad) una melodía que suena eterna melopea a lo divino a través del canto diaconal y hace que el corazón, por más que nuestra razón no lo entienda, caiga de hinojos a los pies de la imagen del Redentor. Únicamente las novelas rusas de este periodo poseen ese tono repetitivo del efecto catedral cuyos ecos se propagan a lo largo de capítulos y de frases entrecortadas del soldado que parte al frente, los besos de la mujer amada, los gritos angustiados de los pasaportados al Mar de Hielo, el lúgubre lamento de los encarcelados en las zahúrdas de Siberia.
Los héroes de estas historias aceptan su destino (“sudba”) con resignación y sin odio a sabiendas de que la Madre Rusia ha pecado y va a ser sometida a la prueba de una larga purificación. El pueblo ruso asume esa misión mesiánica de trascendencia que se manifiesta en ese lupanar donde una belleza rusa se decide por el cliente más desamparado, o un presidente Putin que escribiendo en el NT le dice a Obama que no hay pueblos mayores ni menores que a los ojos de Dios todos somos iguales.
En ese sentido soteriológico el pueblo ruso, el verdadero Israel, cumple el papel de protagonista frente a la masonería, las fuerzas oscuras, o encarándose con el estado judío exportador de armas y de conflictos, reclamo de las mafias y de los señores de la guerra que se valen de la argucia, el chantaje y la mentira como medios de coacción pues para ellos el asesinato y el terror se encuentra a la orden del día, se encargan  de fungir como antagonistas del drama o la novela de la historia.
Nadie hubiera podido sospechar que el pueblo ruso después de Stalin, de la Perestroika, y de los horrores del comunismo, del miedo a la bomba atómica que nos inculcaron a nosotros niños que crecíamos durante la guerra fría, iba a desembocar en un Putin mesiánico defensor de los pobres y los desvalidos del planeta, otro san Jorge en la lucha contra el dragón. ¡Inefable y sorprendente contraste! aunque Rusia es un enigma y siempre habrá que entender de este juicio sobre el líder ruso con ciertas reservas a la vista de la guerra de Ucrania, un conflicto ininteligible, entre hermanos, urdido por el enemigo del género humano: el diablo.
Tal vez por eso lo difaman, le hacen la guerra, lo retratan en picardías de maricón y otras infamias. Y han querido abatir el avión en que viajaba desde Brasil confundiendo su aparato con un jumbo malasio. Son los herederos de los que fusilaron al zar en la casa del judío Ipatiev que vuelven a la carga.
Mitia va a ser un soldado sin suerte pero un verdadero oficial de la guardia que defiende el palacio de invierno y participa luego en la reconquista de Ribinsk. Es víctima de esos cambios, de esos aggiornamientos, transiciones, consensos, trampas saduceas y ucedeas que son el escudo detrás del cual se

martes, 27 de febrero de 2018

EL REGATON LATINO TRIUNFA EN LA RED

'Dura', de Daddy Yankee, se perfila para ser el nuevo 'Despacito' (videos)

© REUTERS/ Lucas Jackson
Cultura
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Las redes en América Latina no paran de hablar de 'Dura', el más reciente lanzamiento de Daddy Yankee. La estrella del reggaetón logró posicionarse en los primeros lugares de las clasificaciones de YouTube y Spotify e invitó a sus seguidores a sumarse al #DuraChallenge, un desafío viral con su canción. ¿Será acaso el próximo 'Despacito'?
El 2017 fue un año prolífico para la música en idioma español. 'Despacito', de Luis Fonsi, se transformó en el vídeo más visto en la historia de YouTube; y si bien en los premios Grammy no resultó vencedora a mejor canción del año, resultó la favorita de los oyentes, que la mantuvieron durante semanas en los ránkings.
Este año se avizora prometedor para el pop latino: los artistas originarios de América Latina siguen a la cabeza. Camila Cabello, con su tema en inglés inspirado en su Habana natal ya se consolida como una artista importante. Pero el ya célebre exponente del reggaetón Daddy Yankee se ha lanzado nuevamente al mercado musical con 'Dura', un hit que promete cosechar tantos éxitos como su predecesor.
En los últimos días, el clip de la canción ingresó al primer puesto global de la clasificación de vídeos musicales virales en YouTube, y se ha posicionado a la cabeza del top 50 de buena parte de los países de América Latina en Spotify. En apenas un mes, el clip de la canción alcanzó casi 300 millones de reproducciones, cifra que cada día aumenta a pasos agigantados.
Mire también: Despacito, 'estrella olímpica' en Pyeongchang 2018
Este liderazgo es fruto, en buena parte, de la tarea de difusión viral pensada por el músico puertorriqueño. En sus redes sociales, que cuentan con millones de seguidores, instauró el 'Dura Challenge', en el que invitaba a sus fanáticos a mostrarse bailando al ritmo de la canción.
Escenas pintorescas, como ancianas que realizan rutinas de gimnasia con el reggaetón o incluso una mujer que 'perrea' para acelerar su trabajo de parto han sido algunas de las imágenes más insólitas de este desafío. Pero también niños y trabajadores han movido sus pies al son de esa pegadiza melodía.
​En Sputnik ya te contamos sobre las gemelas colombianas que bailaron 'Dura' como si de ballet se tratara… Se volvieron tan famosas que hasta la musa puertorriqueña Zuleyka Rivera, danzó con ellas en la televisión latina de EEUU. Esta modelo, que bailó 'Despacito' en los Grammys, se volvió uno de los símbolos de la canción.
Es de esperar que a lo largo de 2018, el hit de Daddy Yankee se vuelva una de las canciones más escuchadas de todo el mundo. ¿Llegará al nivel de 'Despacito'? Habrá que ver, pero a la luz de las visualizaciones, es una meta que probablemente alcance.

domingo, 25 de febrero de 2018


deECHO DE MENOS A PACO UMBRAL MORTAL Y ROSA. RECUERDOS DE MI ABUELO BENJAMÍN
domingo, 13 de abril de 2008
Antonio Parra-Galindo

Echo de menos a Umbral. Mortal y rosa. Voy a la última página del diario donde él proyectó su última época en vividura de escritor fuera borda y no encuentro su firma. Otras plumas galanas se han subido a la columna de mi difunto amigo. ¿Segundas partes fueron buenas? En este ambiente de envidias y de navajazos que es el mundillo literario periodístico madrileño Paco tuvo muchos enemigos de esos que adulan por fuera y por dentro ocultan la puñalada trapera y émulos.
Es que fuimos muchos los que quisimos escalas su columna rostral donde él se encaramó como un César. No entró en la Academia pero conoció y supo tocar los mejores registros de la lengua castellana mejor que nadie. Creo que ha sido el mejor escritor español del siglo XX. Me cupo la honra de conocerle y tratarle aunque muy de lejos y ya dicho que lo echo en falta. I miss him Expongo aquí una foto. Estábamos en la boda del poeta Florencio Martínez Ruiz que se casó allá por el 64 en los dominicos de Alcobendas. Esa iglesia moderna con esa torre tan guay mirando a la carretera de Francia y nos retratamos a los postres.
No hubo banquete sino un "lus" que dice mi madre. Un lunch. Las bodas dejaron de durar tres días y se convirtieron en meriendas a la inglesa. Florencio se casó con la hermana de un amigo mío. Juan Antonio Pérez Mateos escritor poeta periodista de Palomero (Cáceres) y aquí está el conquense y premio Adonais aquel año Diego Jesús Gimes España la santa de Umbral, yo y él con gafas de concha negra y traje cruzado.
Era muy elegante, un dandy pero como todas las inteligencias preclaras, los espíritus delicados y mentes cultivadas que no son del montón cambia. Con Felipe volvió a colocarse la pana y la camisa de rayas. Quizás no escribió la novela de nuestra generación, un título que hay que atribuir a Jesús Torrado, autor de Las Corrupciones pero Umbral, escritor químicamente puro prosista y lírico, el azadón y la pala que excava los sentimientos de la gente de la generación del 68. es un gigante. No se queda en el estilo y la música de Cela o de Delibes que son más manieristas sino que es también letra y dice cosas con la literatura.





Es también filosofo.
Vuelvo a sus libros que me confortan para empaparme de ese existencialismo de su estructura, esas ganas de vivir en rebeldía que nos caracterizó a muchos. Paco creció y maduró con el tiempo. Nos define y nos confina. Literariamente fue el vino añejo en la tinaja. Fue a más. Cela, pongamos por caso, el posterior y aunque las comparaciones ofendan, ya no era tan bueno como el primer Cela. Se agotó.

 

Lo contrario que mi amigo y admirado madrileño recriado en Valladolid.
Superó a Delibes escritor oficioso y oficialista, superó a todos y con ese dolor, ese reconcomio de la muerte inesperada, que nos arrebata a los que queremos/odiamos, me desparramo por la prosa triunfal, buida, preciosista y recalcitrante como una melodía repetitiva y con algo de hesicasmo, un eje de marcha, un gozne que da vuelta, el mimbre donde ensartaba los churros el churrero en aquellas madrugadas color lila, así es Mortal y Rosa una novela sin argumento. Sólo el dolor por el hijo muerto. La levedad del ser, la futilidad del deseo. Pura masturbación mental. Encaje de bolillos. Consultas al psiquiatra. El alma del escritor que se estampa y se retuerce ante lo incomprensible de aquellos largos y tórridos veranos del 50 en que jugábamos al gua. Rememoro de la mano del maestro vacaciones con olor a espliego-entonces los olores eran más fuerte, quizá porque no había lluvia ácida ni fertilizante, quizá porque nuestro olfato no había sido acometido por las mermas de la post modernidad y todo en nosotros estaba más entero- o con el perfume del sexo en las bragas de aquella niña con la que, inocentes, jugábamos a los médicos.
Olor también a muerte. Bandas de luto en la manga de la gabardina. ¿Quién se te ha muerto? Un primo mío que no llegó al desarrollo. O el hermano enfermo que teníamos en un sanatorio tuberculoso de Guadarrama. Alguna vez subíamos desde Segovia hasta Tablada en aquel tren tranvía dos horas y media el trayecto hasta Madrid cuando no se rompía alguna furaco de la catenaria. ¿Estas bien, hijo? Sí, madre, sí. ¿Qué te traigo, qué quieres que te haga? Nada, madre; nada. Y se tendía en aquellas chaise long de la galería. Pabellón de reposo. Tranquilidad y buenos alimentos. Enfermitos con los ojos grandes y mirada ardiente. Toses y dolor al pecho escribiendo cartas de amor, la tisis categórica y la muerte en los zancajos razón de su hiperestesia y balanos encendidos caminaban por las crujías buscando a la mujer.
"Voglio una donna" (quiero una mujer) gritaba el loco desde la copa de una encina, ah Fellini las tetas de la rubia de Armacord, el despertar de los sentidos, Eros y Tanatos hermanos mielgos, Castor y Pólux a horcajadas montando el mismo caballo, los encuentros con una moza bajo el hórreo, las parejas que buscaban os escondrijos de las peñas orillas del Eresma donde nos bañábamos en la poza del bodón y espiábamos al cura del Salvador haciendo porquerías con una de sus feligresas.

 

Yo me la llevé al río.
Hambre de sexo, hambre de amor, que nunca fuimos tan ardientes, que nunca el sexo estuvo tan entrometido con la religión que lo reprimía. He seguido soñando con los senos de la rubia de Armacord. Esa da dos azumbres, gritó un chistoso durante una reproducción en el Montija, sesiones de cine de sesión continua donde entraban dos y salían cinco. Chist un poco de formalidad, coño, ese que se calle. Acomodador… acomodador. Adolescencia y muchos andaban mal de la caja cambios. La mala alimentación. Los desastres de la guerra. Alguna noche cuajaba la sangre en la almohada.
Algunos curaban pero la mayor parte palmaban. Por las tardes en alguno de los cien campanarios de las cien iglesias y conventos de Segovia tocaban a clamor. ¿Quién se ha muerto? Don Anacleto el lectoral de la catedral. Pues no era muy viejo. ¿Y fumaba? Poco, creo que un farias los domingos después de decir su misa. Y se preparaban aquellos aparatosos entierros que eran auténticos desfiles procesionales porque no hay ciudad en el mundo que ame tantas las procesiones como la ciudad en que nací yo. A la primera de cambio, zaca; una procesión.
Mi madre me llevaba a todas aunque no fuese Semana Santa. Me veo ahora con un cirio encendido andando medio dormido mientras berreaba el amante Jesús Mío cuando se hacía la reserva en aquellos monasterios apartados extramuros adonde iba poca gente y olía como a pescado rancio. El olor a coño. ¿Es que las monjitas no se lavaban? Se lavaban poco. Y las vaharadas de ese olor se me suben a las narices cuando repaso las novelas de Umbral. ¡Cómo lo capta Paco! Parece que tenía un radar en el bolsillo. Aquellos olores plasman una época entre estertores de penas del infierno y carne lacerada por los cilicios.
El ay no me des tormento de las saetas y los jipios del amor hermoso de las tonadilleras. Ay que me estas matando Pasión de un pueblo con alma dolorista que ni amando a Dios ni fornicando no se divierte. Que guiado por su sino trágico lo toma todo por la tremenda. Masoquismo de raíces místicas. Hay pueblos donde los hombres y las mujeres se acuestan con una sonrisa y se lo pasan grande. Aquí con una navaja en la liga y parece que sufrimos.
No me diga más: violencia de genero pero hundámonos en las raíces. Hagámonos preguntas. ¿Por qué? Pues porque el sexo se entrevera con la religión entre nosotros. Es como una montaña sagrada, no un prado ameno ni un jardín de delicias. Umbral lo explica.
Un triduo, una novena, una conmemoración y ya estaban las andas preparadas y las capas del habito, los hacheros y el báculo de la hermandad del Cristo del Perdón. ¿España ha dejado de ser católica? Si me lo preguntan por ese cabo responderé que sí y no. También la muerte era un espectáculo. No se ocultaba en asépticos tanatorios donde maquillan a los muertos como si fuesen a representar una obra de teatro, con música de fondo. Han variado las costumbres pero ¿muerte donde está tu victoria? ¿Dónde tienes tu aguijón?
La imagen que me viene a la memoria son las largas visitas al hospital de la Misericordia donde siempre había alguno del pueblo o tenían a mi abuelo Benjamín cuando le operaron de la próstata. Bajábamos en las tardes de mayo por la costanilla de los Desamparados allí donde la ciudad no había perdido su perfil guerrero senda abajo por el postigo donde yo vi una vez a un templario un monje negro con una cruz blanca y roja al pecho la partesana en la mano el yelmo y la rodela fue una visión un espectro de caballero prevenido en frontera y entrábamos en aquel lazareto limpio y pobre.
Una monja paula con la toca enorme como las alas de un gigantesco finife, aquel griñón alsaciano – san Vicente de Paúl era francés y las instituyó para curar el mal gálico y las hermanitas tenían que disfrazarse a la moda del París del siglo XVII pero el gorro aséptico les prevenía contra los humores negros de la peste y la sífilis- les daba un aspecto asexuado y epiceno.
Muchas veces me preguntaba si aquellas monjitas no serían hombres pero mi madre me dijo que algunas eran muy guapas y que una Navarra era un tipazo y le entró la vocación cuando la dejó el novio. No hay mal que por bien no venga mamá. Mi madre la pobre siempre andaba de convento en convento. Se conocía a todas las religiosas de la ciudad y mira que eran unas cuantas (las de santa Rita las de san Antonio el real las de santa Isabel, las Dominicas, las Cistercienses del Barrio las Brujas, las oblatas de la Consolación, la Reparadoras, la tira y las bajaba a visitar con frecuencia porque algunas eran de su pueblo.
Me tenían muy intrigados aquellos curas aquellas monjas con aquellos capisayos. ¿Por donde mearán? ¿Tendrán eso? Sí, mi niño sí pero ¿qué cosas preguntas? Una vez mi curiosidad llegó a tal grado que recibí una tunda porque ni corto ni perezoso a Sor Conce ni corto ni perezoso pues yo siempre fue muy decidido traté de alzarle las sayas.
Me dio a besar el rosario y yo traté de levantarle los bajos del halda que le llegaba hasta los pies. ¡Pero bueno! Niño eso no se hace. Oche. Es pecado mortal. ¿Tendría la hermanita de la Caridad el pecado mortal en su sitio o era otra cosa? ¿Y que tendrían los curas pija o crija?
No me quedaron ganas de saberlo porque la bofetada que me dio mi padre que casi me estampa contra la pared aun me está doliendo y el eco de aquella hostia resuena por los ánditos de las memorias. Sor Conce cuando bajábamos a ver el abuelo creo que me cogió ley pues mi atrevimiento la debió de hacer gracias y me daba peladillas y caramelos que sabían a rancio y a convento. Al vernos llegar por la puerta carretera que abría a un patio con una fuente en el medio coronada por un virgen de escayola ya estaba sor Conce moviendo la cabeza y riéndose.
Le caí en gracia.
-Uy que chicos más gordo qué bien se te crían, Juanita.
- Con buena leche del cuartel y buenos ciscos, hermanita.-contestaba la mi madre.
Estábamos mi hermano y yo hechos unas bolas pero en aquellos tiempos del hambre la gordura era un signo de distinción.
- ¿Cómo está el abuelo?
- Pasó mejor noche.
Le operaron tres o cuatro veces a lo burro. Que bestias aquellos galenos al meterle la sonda pero no fueron capaces los urólogos de aquellos tiempos de erradicar su adenoma.
-Es que, Benjamín, tienes la próstata como la de un caballo. Salió bien de aquella y cuando le dieron de alta se fue directamente a una tienda de objetos religiosos que había en la Calle Real y compró un resucitado. Con él al hombro en el coche de línea se presentó en Fuentesoto. Lo regaló a la iglesia y mandó decir una misa a don Frutos de acción de gracias. Era un espejismo. El maldito adenoma siguió minando su paquete intestinal y sobrevino la anacrisis. Yo dormía en su misma alcoba y me dejaron al cuidado para alcanzarle el orinal o el botello cuando le entraban ganas de orinar. Fui testigo de su pasión y muerte. Hasta Dios me dio la gracia de asistir a su agonía. El abuelo debía de ver cosas en aquel trance pues con malo tregua se santiguaba. Y santiguándose entró en la vida eterna. Era una tarde calurosa de julio. Bahmontes había ganado la vuelta a Francia. Asistí de monaguillo al entierro.
El cura Saturnino el de Castro dijo las preces de mala gana y las moscas revoloteaban alrededor de la caja mientras entonamos el "Libérame Domine de morte aeterna" pues fue un verano de muchas moscas y de mucho calor.
A mi abuelo lo amortajó mi tía Dominica que era la santera de Fuentepiñel atándole las manos y los pies con un cordón de siete nudos. ¿Qué significaban los siete nudos de aquellos cíngulos? Un salvoconducto para el Paraíso. Los siete dolores de la Virgen. La credencial. Benjamín llegaba bien preparado y san Pedro no debió de vacilar en dejarle franca la puerta al buen labrador castellano después de su calvario.
-Pasa pa adentro Benjamín que te lo has ganado-debió de decirle el portero del Paraíso el señor san Pedro cuando aterrizó por aquellas alturas mi abuelo.
Tres años en un grito por culpa de aquella maldita próstata. God spare me. Sor Conce tenía un rosario de cuentas muy grandes, cantaba jotas de la Ribera que daba gusto escucharla y era todo una real moza. Medía casi dos metros y luego con aquella toca de las Hermanas de la Caridad tenía que entrar por las puertas de medio lado. Aquello no era una toca ni un griñón; era un paracaídas. Hermanita ¿va usted a la guerra con ese paraguas blanco? La decía el capitán Camilo que había luchado en el otro bando y no creía mucho en estas cosas de Dios y la religión y ella contestaba:
- Sí señor Camilo voy a la guerra del amor de Dios.
- Y entonces ¿por qué no se echa usted novio?
- Con el que tengo me vale. Pero rece, Camilo, rece para que el Señor le dé presencia de ánimo y una buena muerte.
- Se me ha olvidado hermanita.
El bueno de don Camilo se tapaba la cara con el embozo. Acaso lloraba. Santa María Madre de dios.
-Ve como sí que se acuerda.
Se daba media vuelta sor Conce y el bueno de don Camilo hacía gala de sus ideas. Entonaba el himno de Riego. Si los frailes y curas supieran la palaza que van a llevar. Japuta… japuta.
Tengo muy grabadas aquellas cosas que sucedieron en mi infancia. Sor Conce arrastrando sus peplos sus velos y sus tocas por los pasillos que estaban tan limpios que en ellos se podían comer sopas y entrando por las puertas de medio lado por causa de su inmenso gorro.
Fue un acto de caridad la reforma del Concilio que visitó a las Hijas de San Vicente de Paúl de corto otorgándolas una indumentario más funcional pero el hábito sigue siendo feo con esa toca en ángulo recto y sustituyendo el azul por el negro. Aunque dicen que el hábito no hace al monje, a la monja.
O ¿sí?
En España se quiso siempre mucho a esa Orden francesa que no la hubo ni tan militar ni tan militarizada. Franco al que asistieron en el hospital de sangre de Melilla y le salvaron la vida cuando le pegaron el tiro en el vientre mandó que hubiera una comunidad de esta Regla en todos los hospitales militares y es del de Carabanchel donde murió mi padre y del de Segovia donde estuvo mi abuelo que yo las recuerdo. Cuantos soldaditos murieron en sus brazos.
Caminaban por la crujía entre las camas blancas con mucho garbo con sus cofias esotéricas y las haldas que les llegaban hasta los pies. Debajo del delantal muchos cosas podrían caber: unas tijeras, la jeringuilla de morfina, el tarro de piramidón, la última carta del novio que la dejó, el detentebala del sobrino al que mataron en guerra y hasta los caramelos y bombones que me regalaba la sor y que sabían muy ricos aunque revenidos y con olor a monja. Los libros de Umbral que es uno de esos escritores tan sensuales que escriben como les da la gana hasta con el olfato me devuelven aquel tiempo que se fue. Traen un perfume alcanforado de cuarto de atrás y de pensión con patio de luces Estoy seguro de que no pasarán porque son definitivos y definitorios de una época de un tiempo en que todo cambió hasta la toca de sor Conce que el Vaticano recortó.
Lamento que Umbral, no lo sé, perdiera la fe. Decía glosando a Sartre diciendo que Dios es el silencio de los hombres. A mí me parece todo lo contrario. Dios es elocuente y sigue hablando a Abrahán desde la zarza.
Claro que para escucharle hay que estar atento y tender no los oídos de la carne sino los del alma. Mientras seguimos sumidos en la paradoja pues vivir y morir es una contradicción. Extrañamos a Umbral poeta puro, escritor de raza, en este melonar sembrado de patatas y de espantapájaros. Tendría que hablar del amigo Pérez Reverte el espadachín, una fábrica de churros a refritar un troquel de acuñar moneda y de hacer billetes. Que a Umbral no le llega a los zancajos.
Tiene el síndrome de los de Pueblo que Emilio Romero los malcrió y les hizo una especie de perdonavidas y de delincuentes. Nunca entenderán al escritor neto químicamente hablando. Ellos son políticos del lado que sople el viento pero ese tema lo vamos a dejar para otra día
izquierda a derecha Diego J. Jimenez, España, Antonio Parra, Paco Umbral en la boda de Florencio

 

martes, 20 de febrero de 2018

RESUCITAR AL LADINO ES COMO QUERER VOLVER A LA VIDA A UNA LENGUA MUERTA

CLARIÓN y CHAPIRÓN

 

Las redes echan humo nueva escritura en la pared writing in the wall palimpsestos el té de las cinco y el cadáver en la alacena. Están batiendo la fortaleza. La civitas Dei se derrumba. Es lo que parece pero que no se llamen a engaño: dominar la mente no es conquistar la fortaleza. Las guerras las gana la infantería. Después de la preparación artillera. Hay que echarle cojones. ¿Me decías, Villeguillo? Ah sí que estoy indignada con esa historia de que quieran hacer una RAE del ladino y a muchos se nos raen los cojones de tanto gatuperio y otros se parten de risa. Doña Mencía, vos no sufráis; echaros a la espalda esos dicterios de los de la eterna conjura porque es lo que supieron hacer esos hijos de Satán asesinos de Cristo y deicidas: conspirar.

Acepto tu consejo, Villeguillo, pero yo, doña Mencía Benavente de Aguilar y Césped de Paredes, no soporto pencas de nadie. Estoy hasta el moño como todos los españoles del asunto judeocatalán.  

Decid, señora, hasta los cojones y se la entenderá mejor. Eso es precisamente lo que falta a muchos de la falsa derecha, Villeguillo. Ya sé que tú eres muy listo pero no te dejan entrar.

El mejor español que estudió el tema y ha cantado en ladino fue un vallisoletano, Joaquín Díaz González  un hijo de la raza, pero los del kahal o Cajal no confundir con Ramón y Cajal los de la estirpe viperina  siempre tuvieron por prurito meterse en todo le y por eso mismo su mente inquieta fundo la Jewish Inquisition hicieron la aguada.

 Yo creo que con esto de crear un Departamento de Ladino en la Real academia persisten los judíos en su asedio a las instituciones, mediante el acoso y derribo, a la Gramática de Nebrija tratando de resucitar la vieja lengua que se hablaba en Castilla en 1492.

Está visto lo que quieren es trincar del erario público promoviendo entelequias y entes de razón quítate tú que me pongo yo. Es lo que hicieron con el bable, el catalán, la fabla aragonesa, el mirandés, el vasco y el castúo. Una estrategia hispanicida, defecar sobre el idioma  y cagarse en la historia de España. Es lo que pretenden estos tíos con tales argucias rancias. Chapirón de la reina chapirón del rey, mozas de Toledo ya se parte el rey quedareis preñadas no sabréis de quien. Quieren resucitar una lengua que no existe.

Don Manuel Alvar en su antología demostró que al mundo sefardí se lo ha tragado la tierra absorbido por el hebreo y el inglés que es la lengua del imperio askenazí. Se trata de la teología del holocausto llevada a sus últimas consecuencias. Convertir a Dios que nos redimió y es el summum bonum por excelencia en un político tragaldabas, extorsionador, mamporrero y hasta si se quiere asesino, debelador como Marte porque estos mendas siempre fomentaron la guerra entre cristianos como negocio. No me va.

Schewester, Schwester. Nurse I feeel worse, clamaba un desesperado en la crujía del hospital de San Carlos. Escuché su lamento moribundo esta mañana mientras caminaban insensibles al sufrimiento de aquel agonizante hombres y mujeres de multitud de razas y colores. Hay rótulos en la autovía los vi al venir que decían visiten la Carelia y anoche soñé en combates al arma blanca. Tuve una pesadilla. ¿Será la guerra que se acerca? Caerán las bombas volantes igual que entonces y la sufrida población anestesiada por la propaganda del régimen dirá que es que llueve fuertes o que el arcángel Misael anda con diarrea y se tira pedos descomunales que desde el infierno alcanzan el firmamento.

Lo malo es que tal pedrea mata a mucha gente. Hastiado por tanto tejemaneje tertulio/lelo, me acerco en el bus al Escorial. Me acerco a la sede del poderío español. Es Escorial es la síntesis del imperio que las maripavas alcachofa en ristre, luciendo grandes escotes y obras de arte peluqueras en la cabeza, se nota que están mal folladas y no han echado un polvo a derechas en su puta vida, quieren derribar el augusto monumento.

Me acerco luego a merendar al árbol de las apariciones y saco del zurrón mi breve colación cuaresmal: un pedazo de queso envuelto en dulce de membrillo y arropado en soconusco. La Virgen no se aparece pero el lugar inspira tranquilidad. El perfil de las Machotas el monte desde miraba atardecer miraba Felipe II desde su celda se convierte en un gigante. Mientras unas cuantas viejas un poco más allá rezan el rosario hoy viernes misterios dolorosos. Yo prefiero escuchar Radio Nacional que habla de corruptos corruptores. Al banquero de Guindos le han hecho vicepresidente de algo. San Dominguito del Val y el Santo Niño de la Guardia nos valgan