Caixa Forum expondrá ‘Retrato de Isabel la Católica’, de Luis de Madrazo.
El Alcázar de Segovia cuenta entre sus fondos museográficos con varios depósitos del Museo del Prado. De ellos, puede que el retrato de Isabel la Católica expuesto en el salón del Trono sea el más conocido, tanto por la fama de su protagonista, como por su calidad artística y por su autor: Luis de Madrazo.
Entre mediados de marzo de 2021 y marzo de 2023, dicha obra no podrá ser contemplada por los visitantes a la fortaleza segoviana; ha sido trasladada a las instalaciones del Museo del Prado en Madrid, donde el lienzo y el marco serán sometidos a un proceso de restauración. Posteriormente, a partir del 18 de abril de 2021, el cuadro formará parte de la exposición temporal ‘La imagen humana: arte, identidades y simbolismo’, organizada por CaixaForum, que podrá verse en los centros que esta entidad posee en Madrid, Barcelona, Sevilla y Palma.
El Patronato del Alcázar ha optado por exponer con carácter excepcional, hasta el regreso del ‘Retrato de Isabel la Católica’, el lienzo ‘Hernán Pérez del Pulgar presenta a Isabel la Católica el documento de entrega de Granada’, del sevillano José María Rodríguez Losada. Se trata de un cuadro de grandes dimensiones, propiedad del Patronato, que no se hallaba expuesto en las salas visitables de la fortaleza. Es una oportunidad para contemplar en el Alcázar una obra que no suele mostrarse al público.
La obra de José María Rodríguez Losada sobre la entrega de Granada.
Tengo para mí que los milagros existen por más que no pueda demostrarlo y el divino y casto José el que guarda un secreto mutismo en el evangelio es uno de los mayores taumaturgos en la historia del cristianismo aunque el culto josefino tenga poco arraigo en las iglesias del Este pero Teresa de Jesús la grande no daba un paso ni llevar a cabo fundación de conventos sin encomendarse a él. Ayer 19 de marzo el padre putativo de Cristo se despachó con uno de esos milagros a la chita callando por los que es famoso con nosotros los pipis de la hornada de 1955.
Ayer me llamó Gaspar HERGUEDAS para unirme al grupo de guasaps del Seminario. Algo que no esperaba porque me sentí decepcionado por algunos extremos acaecidos en nuestras reuniones anuales que obvío aquí pero que he plasmado en esta bitacora. Larga es la cosa de explicar. Ángel San Vicente uno de nuestros presbíteros comenta en el chat que el seminario creó en nosotros un vínculo indeleble más allá de nuestras creencias políticas y de nuestro periplo vital. Ya somos setentones pero seguimos caminando por la vida impasible el ademán amando a esa Iglesia que tantas cosas buenas (dejemos a un lado las malas que corresponden a toda organización humana) nos enseñaba.
Podemos decir como Graham Green el autor inglés en parafrasis “England made me” pues igual “The Church made us” y si nos remontaramos a Mío Cid diríamos:
—Castilla fizo los homes e los desfizo
Es lo mismo. Aquí estamos. Llevamos dentro a un cura malogrado pero tal y conforme van los tiempos podrían resultar porque nos aflige la España vacía y los seminarios vacíos que este humilde corresponsal trató de explicar adelantándose a los tiempos. Curiosamente estaba yo leyendo, cuando me telefoneó mi colega, pasajes de mi libro “Iste Confessor Seminario Vacío” y quedé maravillado por la acribia o exactitud de mis postulados. No tengo abuela pero esto ¿lo escribí yo? Ya no me acordaba. Lo digo como lo siento
Di con la clave pero nadie es profeta en su tierra. Tanto esfuerzo y trabajo como supuso redactar este denso libro que son las memorias de mi infancia quedaron en barbecho. Por ende, sobrevino para mí este desencanto o desafecto con mi pueblo. El Azoguejo fue el alma mater de la picaresca de los perailes, la patria del “Buscón” y nosotros somos unos pícaros a lo divino.
La vida nos moldeó así pues hubimos de vivir el cataclismo del gran cambio de nuestra sociedad. Sin embargo, he de decir con Santa Teresa a la cual yo expliqué en mi otro libro “Teresa la judía conversa” que Dios escribe al derecho con letras tuertas.
Gracias, casto José, nos acogemos a la blanca vara de tu viril paternidad en estos tiempos donde reina la impudicia y el desacato a los valores por lo que nosotros luchamos y creíamos. Todo dio la vuelta.
Gracias Gaspar Herguedas, gracias Angel San Vicente, gracias Jaime Olmos, mis hermanos mis amigos y que Dios perdone mis pecados “Gospodi achisti grieji nas” dicho sea de paso con palabras del canon de la misa de San Basilio.
jueves, 18 de marzo de 2021
“LA MUJER FUERTE DE ANTONIO PARRA
UNA GRAN NOVELA”
No tengo abuela ya pero este
comentario de una amiga me ha llenado de orgullo. La tenía por ahí arrumbada.
No se vendieron muchos ejemplares. La escribí de un tirón unas 250 páginas y su
publicación en una editorial pirata fue una pesadilla.
Ocurrió una novela dentro de una novela pero
poniendo en antecedentes al que leyere creo que una mano me guiaba. Hay un
soplo profético flotando por sus páginas. En algunas cláusulas no me re
reconozco.
El autor pare su obra, la lanza al corral de
la vida, corta el cordón umbilical, rompe la placenta y el hijo literario se
transforma en un ser independiente.Con
vida propia.
Es una sátira de lo que está pasando. Una parábola
de la gran soledad moderna, de la falta de asideros. Hemos perdido el centro.
Se vive en la mentira y el disimulo sirviendo a los tres grandes dioses de la
modernidad: Moloch, Mammon y Príapo, esto es la guerra, el dinero y el sexo.
Se venera a la urna como el gran tótem. Los
romanos escondían habas en la toga y emitían su veredicto echándolas en una
orza que luego rompían los arúspices. El voto era personal e intransferible. Y
tenía algo de hecho sagrado y litúrgico pero ahora en la sociedad global
votamos entre la coacción y el pucherazo como acaba de suceder en Irlanda.
Ha venido Mr. Muddy. ¿Quién es ese mister?
Pues nada menos que Barroso el lusitano jefe de toda la hueste eurocrata. Es
noticia sólo aquello que yo quiero que lo sea y se elige al que a mí me de la
gana, dice el Gran Marrano el gran personaje de Quien encontrará a la Mujer
Fuerte, el ojo que todo lo ve, la mente que todo lo escudriña. El que apacienta
sus piaras de cerdas. El gran pastor y el gran borrego. Otra versión de Satán.
Gracias a sus mañas creemos vivir en la democracia pero esto es una autocracia
sometida al yugo de un tirano invisible.
La Bolsa o la vida. No. La Prensa
oiga. Son las dos columnas sobre las que se alza el templo del Gran
Hermano.No se me despinta. Ya no te me
escapas. Vivimos tiempos recios. De la dictadura del proletariado hemos pasado
a la dictadura de los partidos políticos, a la corrupción, al mamoneo, al
pelotazo. Acaban de resucitar los gigantes.
Todo eso lo puse en mi novela. Y
como muestra un botón. Va este párrafo:
“el gran jefe de la
gendarmería se había fugado al extranjero burlando a los topos del gran
Marrano. Se había marchado a ultramar diz que en compañía de una corista o un
cabo de la legión… todo eran tártagos y batidores para el Gran Filipo, sin que
el Porquerizo supremo se inmutase lo más mínimo. Semejantes efluvios de corrupción
eran efluvios de perfume francés para sus narices habituadas a los miasmas de
la Mentira en las pocilgas. Sus palacios no eran sino zahúrdas… Iba por el
mundo con una urna al hombro pero no era una urna sino un inmenso ataúd en cuyo
interior se bamboleaban millones de cadáveres”
Creo haber
dado a la estampa una hermosa parábola. En el libro hay muchas claves. La
narración se mueve en un plano filosófico en el que salen a la luz las
siguientes ideas:
-No hay vida interior sino exterior.
-El odio ha sustituido al amor pero el odio como
todas las formas negativas no es creativo puesto que el sistema se alimenta de
violencias y tiene en sus manos los poderosos medios de comunicación que son
las herramientas con que esparce el miedo. Así sus súbditos están mejor
controlados.
-Atomismo. La globalización ha fomentado los
separatismos y el terrorismo siguiendo la norma cesárea de divide y vencerás.
Toda una paradoja. La gran unidad fomenta la desunión de los pequeños.
-Urnas y mortajas. El hombre experimental,
clonado, mentes fruto de la manipulación genética. Se lanzan iconos molde. Hay
que seguir los módulos y el patrón de una imagen. Ser del montón. Esta es una
especie de afán de cría de seres humanos. Ya lo dije Orwell en la granja del
gran cofrade.
-Charlatanería, legitimismo, pleitos, rábulas. La
bolsa y la prensa. La política como género literario. La gran mentira se
convierte en blabla pues la política nada tiene que ver con el día a día de la
vida del ciudadano.
-Ambiente de guerra pero las guerras en medio de
este vértigo desatado de laicismo van a ser todas religiosas.
-Son embargo el protagonista un diacono que se
convierte a la ortodoxia mira a Cristo alzarse sobre el cosmos. Él es el centro
de la estudia. Un icono de la Virgen María rasga las nubes del cielo. Se
escuchan cánticos. En Rusia. De allí vendrá la salvación de la humanidad y del
cristianismo. Roma está corrompida y el Vaticano es un nido de víboras.
Metanoite. Convertíos.
-La vida exige como principio elementos positivos.
Nuestro amor debe de superar al odio. La venganza ha de ser sustituida por el
perdón. Se llega así a una suerte de quietismo. Con un consejo siéntate a la
puerta de tu casa y verás pasar el féretro del que te odia. Ten paciencia,
sufre con longanimidad las adversidades y oprobios y espera la venida del reino
de Dios.
-La revolución es satánica. Los pactos con el
diablo suelen abocar a la perdición de los compromisarios de tan fatídico
personaje que hoy reina en el mundo. Se habla mucho del 666. pero el Señor
permite estos cataclismos históricos no como castigo sino a efectos de purificación.
Él sabe escribir con letras torcidas y de estos cambios suelen sacarse ventajas.
Estas son a
grandes rasgos las ideas que me propuse manejar a la vista del gran giro que da
el mundo a partir de 1989. Los ojos del diacono quedan clavados en la mirada de
la Virgen Maria y en la escena final que tiene por marco un cementerio en un
cerro ve los cuerpos gloriosos de los resucitados.
Entre los que se encuentra su padre soldadito
de la Blau quien saluda y besa a los ruskis contra los que combatió en el lago
Ilmen. Sí, al cabo de esta inmensa pesadilla, el amor es posible y el perdón.
Pero todo en clave de sátira y en clave de buen humor. Esto no ha de faltar en
una buena novela como tampoco el lenguaje de la calle.
Yo les
recomendaría esta novela como vademécum para andar por este laberinto que es la
España de la transición en el finiseculo. En cuatro largos capítulos. Les
aseguro que pasarán un buen rato.
Barbara Hill presses play on the computer and, to the perky strains of the chart-topping Dance Monkey, flits around the shed with her walking cane, demonstrating an advanced boot-scooting sequence.
Her husband, Peter, watches her fondly. Even after all these years, he finds it incredible that Barbara can pick up a step sheet and immediately figure out the moves as she reads.
Portrait of Peter Hill, 76, and Barbara Hill, 79, at their home in Fryerstown, Victoria.
Peter, 76, is a personal trainer and fitness instructor, and Barbara, 79, is a line dancing teacher. For their combined endeavours they share a large shed on their property in Fryerstown, a picturesque township in the Goldfields region of Victoria.
One half of the shed is dedicated to Peter’s gym equipment. He broke his neck in a car accident in 2013 and wound up in a coma for weeks, then in a wheelchair. He put together this gym to aid his rehabilitation. It’s a bit home-cobbled in places – cushions and bar stools in front of creaky weights machines – but he’s got a sound 50 years of experience in fitness.
The rest is kept clear for dancing. Years ago, Barbara’s parents Ernie and Elsie held ballroom classes here, coaching debutantes and holding a monthly event that drew folks up from Melbourne. The walls are lined with the names of old-time and new-vogue sequences: Cherry Tree Saunter, Tina Tango, Acapulco Cha Cha.
L-R Peter Hill trains regular Gail Rozvaczy, Barbara Hill, 80, teaches the step sequence to a class of beginners.
“My dad used to spend hours cutting the bits of cardboard,” Barbara says. When she met Peter in 1991, the pair helped out with those classes. It was Peter’s job to wield the giant arrow, to point to the next dance. Sometimes he’d also help the stragglers with the more difficult steps.
According to the department of health, only one in 10 Australians over the age of 50 exercises enough to gain any cardiovascular benefit. Looking purely at the physical perks, a more committed exercise routine improves overall movement and stability, supports the immune system, and reduces the risk of illness, including chronic diseases.
“It’s about quality of life, even just feeling more comfortable standing up and walking down the street,” Peter says. Among his clients are Matt, who’s 87 and still pumps three-kilo dumbbells, and 93-year-old Jess. Barbara’s oldest dancers are in their eighties.
“The dances are really good for keeping people’s memory active,” she says. “We had a lady who wound up getting Alzheimer’s. I would visit her in hospital and she’d forgotten everything else, but she’d look at me and say, ‘Monday, Tuesday, Wednesday, dancing.’”
Barbara Hill’s Saturday afternoon line dancing class.
Barbara’s love of dancing began with ballroom when she was 14, at the Orama Ballroom in Footscray. “After I’d been going there for three weeks they stuck me on the staff,” she says. It was 1955, and the bulk of her classes were made up of Italian and Greek men, new migrants, keen to meet women.
Years later, it was Peter’s mum who got Barbara into line dancing, when she was in her mid-50s. And then she got Barbara into Peter, too. “She said she had a son who’d just been jilted, and would I go out with him,” Barbara chuckles. “It was the best thing anyone ever did for me.”
Peter took Barbara out for a date at the Fisherman’s Grotto in Carlton. “First thing she ordered was the lobster.”
Peter Hill removes rubber flooring on his shed floor to convert his gym into a line dancing studio.
When the couple moved to Fryerstown, their line dancing classes became popular thanks to the landlady of a local pub whipping up interest. “I had to learn quick smart, so I started going to every class in Melbourne and I bought the sheets off them,” says Barbara. Now she uses the online resource Copper Knob, which has step sheets and video demos.
Many of those early attendees still come to classes on Tuesdays and Saturdays and often they’ll come to Peter’s bootcamps and personal training sessions, too.
“Most of them are widows, so it’s a social outlet for them,” Barbara says.
The Saturday afternoon class starts to drift in, braving the storm outside. Barbara is a ball of energy, leading the way through songs like Cowboy Hustle, Waltz Across Texas and Hey Senorita – often cheesy dancey remixes – and yelling out instructions. There’s much hilarity for the next 90 minutes as the more uncoordinated attendees try and keep up with her.
Gail Rozvaczy, 60, during a line dancing class.
Among them is Gail Rozvaczy, a 60-year-old beautician who recently bought her first pair of cowboy boots, to really do the classes justice. They’re a far cry from her old Jane Fonda leotards.
Gail started coming here with her bitsa dogs Ellis and Murphy eight years ago. “Pete put a note in everyone’s letterbox saying he was starting a gym,” she says. “We thought, ‘Oh my god, who is this person?’”
“It’s not state of the art,” she says of the shed, “But it works really well. I would prefer this to going somewhere covered in mirrors. And it’s affordable – Pete’s about the people, not the money. He just gives and gives.”
Peter jumps in: “The people who come here help me with my broken neck more than I help them. I have to do the exercise with them 90% of the time, which improves my flexibility and strength.”
Before the pandemic, Peter had been driving to Melbourne twice a week, to run aqua aerobics and gym classes at four retirement villages (“of course I get all the short people to go down the deep end”), which he’s now narrowed down to one, in order to focus on the local community with Barbara.
Peter Hill trains a newcomer.
Some of the clients wouldn’t say “shit for a shilling” when they first turned up, Peter says, but now they answer back with gusto.
“Most of the time we’re all talking and he tells us off,” says Gail. “We tell him we’re exercising our tongues.”
Banter is undoubtedly part of the Peter package. His T-shirt today reads “If I offend you, my work here is done” – one of a collection of similar sentiments – and then there’s his catchphrase, used in response to everything from tardiness to someone cheeking him back: “Oh yeah,” he’ll drawl. “Rightio.”
When Barbara tells Guardian Australia that she’ll be 80 in two weeks, Peter chips in with: “Oh, you poor old bastard.” But then there’s that look again, the one he gives her that’s loaded with admiration.