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miércoles, 9 de octubre de 2019

Profanación DE LA TUMBA DE FRANCO EL QUE SALVÓ A MUCHOS JUDIOS DE LOS CAMPOS ATENTA CONTRA LAS LEYES SAGRADAS DE ISRAEL HOY ES ROSH HASHANA


FRANCO Y LOS JUDIOS
Hoy es Rosh Hashana felicidades a los justos de Israel al comienzo del Nuevo Año cuando suena el toque de cornada del isofar conviene recordar que ese hombre al que el gobierno títere de las fuerzas oscuras un tal Pedro Sánchez y su coima esa cordobesa que paisana de la Lozana andaluza (una egabrense) la mayor prostituta de Roma que se tiró a media cura, quieren exhumar y profanar su tumba Sea maldita esa mujer Carmen Calvo a quien pronto veremos la calva. Me acuerdo a este respecto de un treno de Jeremías "no disperses Señor, mis huesos ni permitan que caigan en manos de mis enemigos" pues bien Franco el  que durante la guerra mundial cuando nadie daba un duro por los judíos ni Churchill, ni Stalin, Ni Roosevelt, ni el Komitern, sacó la cara por ellos, puesto que eran de su raza, y tuvo la entereza de dar instrucciones a sus embajadores en los Balcanes y sobre todo en Hungría para que les diese salvoconducto para salir del país y librarse de los KZ. Doy testimonio de la luz y de la verdad Consultar mi libro "Franco y Sefarad un amor secreto" y "Corresponsal en Budapest" de mi admirado colega y predecesor en la corresponsalía Eugenio Suárez, un falangista que luego colgó los hábitos y se dedicó a la prensa rosa, que vivió los hechos y contó en su libro. Se trata de un hecho irrefutable pero a muchos ahora no les interesa conocer la Verdad. Sólo aspiran al poder y a la revancha. Profanar los huesos y volar la cruz como pretenden algunos enemigos del Valle de los Caídos como el Coletas el de los pies desparramaos líder de un oscuro partido político que nadie sabe de donde ha salido se volverá contra el pueblo judío. Israel y esta es una ley halahá en el Talmud y en la Misná dice que es un sacrilegio mover a difuntos del lugar de descanso. El que tenga oídos para oír que oiga.

yo escribí el mejor libro sobre cela y el café Gijón


EL CAFÉ GIJON ALFONSO P. PINTOR EL CERILLAS Y YO

Vuelvo al Café Gijón y un alma caritativa, un barcelonés de pro, me saca esta foto. I am very proud... ich bin sehr stolz... orgulloso de pertenecer a la gran cofradía literaria de romántico empedernido de la literatura española bogando en mi frágil barquilla que lucha y navega en el océano aborrascado de las fuerzas oscuras. Escribir ha sido mi pasión, mi terapia. Una pena que en los tiempos que corren se desdeñe al verdadero arte y la literatura sea sustituida por lo espurio. El ersatz de este sistema político antihispanico que tenemos. Creo que este desastre es fruto de un cambio de rumbo tremebundo: la teología de la encarnación ha sido sustituida por la mentira del holocausto y el amor derribó al odio. España vuelve a estar en manos de los inquisidores, los marranos, los conversos; una verdadera desgracia nacional, cáfila de felones mendrugos, pero seguimos y seguiremos luchando, en nuestro noble empeño y demanda. Hay que tirar palante.

miércoles, 2 de octubre de 2019

ORIHUELA ES OLEZA EN GABRIEL MIRÓ QUE DESCRIBIÓ MARAVILLOSAMENTE LAS COSTUMBRES DE ESTA CIUDAD EPISCOPAL AFLIGIDA POR UNA RIADA DE LA GOTA FRIA

GABRIEL MIRÓ NUESTRO PADRE SAN DANIEL


Para hispanistas y filólogos y todos los que amamos las viejas palabras la prosa de Gabriel Miró nos lleva al mundo de los paraísos perdidos.
 Ya sé que algún modorro que nos lea se quejará de que autores como él pidan el esfuerzo de tener que abrir el diccionario y que el de la RAE en esta involución que nos aflige haya dado de mano la vieja lexicología como antiguallas inservibles y fenecidas voces del idioma popular; éste se reduce y se limita a la jerga urbana quedando circunscrita a ese lenguaje urbano mímico y semi-coprológico, un verdadero signo apocalíptico. El castellano está siendo vapuleado por un inglés macabro y macarrónico.
Toda esa gacería de baja estofa del Bronx que penetra a través de lossitcoms y el lenguaje gangster vía Jolivú. Con ello el alma del mundo se empobrece a marchas forzadas. De la racionalidad volvemos a la irracionalidad.
 El mensaje que lanzan epígonos semicientíficos como Eduardo Punsete ese malos pelos que habla y entrevista en  la 2 no se cansa de repetir el mensaje de que el hombre viene del mono.
 Por eso es todo un hallazgo volver a las novelas de Miró (El Obispo Leproso, Años y Leguas, las Cerezas del Cementerio etc.)
In principio erat Verbum. Dios creó primero la palabra. Después llenó el universo de cosas y vio que el mundo estaba bien hecho. Y a continuación formó al hombre del barro y a Eva de su costilla según el Génesis. Gabriel Miró resucita este vocabulario de léxicos que resultan como un fucilazo,exvotos testimoniales de una sociedad que se fue pero el habla rica de los campesinos españoles de Levante perdura.
 Nuestro padre san Daniel es un retablo de las maravillas en prosa preciosista que pinta la vida de una ciudad episcopal Orihuela (Oleza) a comienzos del pasado siglo. En frases que parecen hechas para ser esculpidas en sojas o en tiras de mármol. Su pluma no está hecha de cañadura de ave, se escuda Miró. Es de hierro como un cincel. Puede que recargue un poco y que a fuerza de este prístino afán intente Miró ponerle los paños al púlpito como hacían los predicadores de campanillas antiguamente. Es un escritor litúrgico. El lector encuentra ornamentos del viejo culto eclesiástico que venían del rito visigótico.
 Fueron suprimidas por el concilio Vaticano II (hacheros, navetas, gremiales, gorjales, tunicelas, crismeras, casullas, píxides, epactas, corporales, viriles, hijuelas, brinquiños, sartales,  antipendios, frontales que adornaban el paramento del tabernáculo, las cáligas o zapatillas de seda laborada y el cenojil  azul que sujeta las medias de los obispos) el cristianismo proviene de los misterios órficos y no es tan sólo letra muerta sino la búsqueda y procura de un ideal
Vida tranquila y provincial a la sombra del campanario cuando todo poseía un principio y un fin es cuanto refleja este libro. Las onomásticas de los apóstoles, los mártires, confesores y doctores o las doce fiestas del calendario cristiano medían el tiempo. “Oleza criaba capellanes como Altea marinos y Alicante turroneros”. Prosa serena que contempla el circular de las estaciones y el nacer, morir y vivir de los personajes que describe con la pasmosa elegancia en que giran los azudes y azahares de una noria.
Es un mirar levantino hacia el paisaje de una zona que en lucha contra los piratas berberiscos (Cartagena, cabo de Palos, Malva Rosa valenciana o Peñíscola) defendió a la catolicidad. Los prelados entraban en posesión de su diócesis a lomos de una mula blanca. Saltan a la palestra clérigos de misa y olla, jesuitas místicos como  el Padre Bellod, don Magín, y don Jeromillo (cura pobre y cura rico). Se escucha en toda la novela el toque de Ánimas junto con el frufrú de las sotanas y sobrepellices, la campanilla del Viático, surtidores de patio claustral donde rezan el breviario los seminaristas ordenados in sacris deambulando por el claustro. Se escucha el bisbiseo de las viejas en las catedrales oscuras donde la piedra rezuma el vaho de los siglos, o la voz baja de particulares que pedían audiencia al señor obispo, escribanos testamentarias que recogían las mandas de los moribundos en donaciones pro ánima que han servido de baluarte económico de la iglesia. Se percibe, todo sensual, muy gráfico, llamando a las cosas por su nombre, el tiemblo de los dijes al pasar las cuentas del rosario de plata de las devotas. Crujen los agremanes, blondas y azabaches de raso o deslumbran los estrados de damasco y el brillo de anillos de oro y pectorales todo de perlas. Un estilo majestuoso, solemne y episcopal.
 A Gabriel Miró hay que leerlo  despacio y no sólo con los ojos sino con el oído, el gusto, el olfato, el tacto. Hay que poner los cinco sentidos para captar sus descripciones de una sensualidad fruente que se goza en el hallazgo de la palabra exacta.  Esta zona en que se desarrolla la trama era un viejo reducto carlista que leía a Aparisi Guijarro y lanzaba vivas a Cristo rey y a Carlos sétimo.
Esta es la España de los curas trabucaires. La guerra de la Independencia abrió una sima en el seno de la Iglesia entre curas liberales o serviles y absolutistas. La mayor parte de los curas hicieronse carlistas.
 El obispo lució sobre su cabeza la barretina catalana hoy símbolo de la independencia de aquella región tan española y que fue  insignia de los alzados contra el liberalismo jansenista. Sin embargo era un hombre triste que vivía en un palacio inmenso con una huerta rodeada de viales de naranjos y de magnolios en medio de una gran soledad.
 Otro de los personajes: Caracortada que vive arruinado, pues dio todo sus caudales para la Causa. Se ha convertido en  pobre de pedir desde que fue herido por un sargento pesetero cuando su compañía mandada por el general Cabrera el Tigre del Maestrazgo fue atacada por soldados isabelinos. Dentro de este mundo idílico sin embargo no todo es lo que aparece. La sobrehaz de esta armonía de la ciudad episcopal son las pasiones, las envidias y enconos.
El odio que siente el mutilado carlista hacia el cacique don Álvaro alcanza proporciones homéricas. En una de sus magnificas descripciones las de las vísperas de San Pedro el autor hace contrastar la magnificencia del presbiterio claustral con la pobreza de la feligresía unas cuantas viejas y unos mesegueros que se duermen durante la ceremonia.
 El boato de los ornamentos contrasta con los harapos con que se cubre el pueblo llano. El padre Bellod sube al arrabal de san Ginés una montaña donde la población carece de viviendas, los niños van desnudos y los moradores entre aguas reciales, bardomeras y pringues malviven, se alimentan de los higos chumbos que brindan los nopales o van a robar fruta al huerto de unos frailes o al cerca del cura Jeromillo. Pudiera decirse que uno de los personajes es el hambre aunque Miró no es un escritor social.
 Simplemente se preocupa por esa dicotomía entre el ideal inalcanzable que propone la iglesia que busca en su gestión la utopía y la penuria de las  gentes irredentas a las que predica y sestean durante el sermón. El escritor se hace cargo de este fracaso. Lo agrio, lo feo, lo sórdido de la existencia contrasta con la hermosura y la contemplación estética. A los pobres siempre les tendréis con vosotros. Axioma bíblico.
Es el mayor ecologista de nuestra literatura. Hasta el siglo XIX nuestros literatos se habían despreocupado del campo. No hay paisaje por ejemplo en nuestra novela picaresca.
Él se constituye en el mejor paisajista y soberbiamente describe la mies que orea en las hazas de terreno y cabecean movidas por el viento cuando huele a junio. O las clases de frutas que da esta región del maestrazgo: albérchigos, sabrosísimas cermeñas o peras rabonas, bergamotos, zamboas, dátiles, naranjas, pomelos, cerezas, nopales que trajeron los moros y los españoles llevamos a Méjico, o el vino fondillón  o rancio de Alicante, vino  de consagrar el que llevan en las vinajeras los niños misarios. Uno se convierte a medida que avanza la lectura en acólito de esa gran eucaristía mística que brinda la naturaleza abundante y feraz.
El ambiente curial y levítico en el que se desenvuelve recuerda un poco a la Regenta de Leopoldo Alas pero a Miró escultor de retablos –Figuras de la Pasión-le falta vis dramática.
La acción es lenta y la urdimbre, débil en medio de una prosa triunfal y selecta, tan sensual que el lector parece oler a búcaros de glicinias o contempla la magnificencia de los oficios religiosos en la catedral de Orihuela con aquellos chantres y el precentor que sube a cantar el evangelio detrás de la cruz alzada flanqueado por dos lampisteros o turiferarios.
 Miró los embaula en un argadillo de lexicografía selecta. Una sonrisa abacial y un obispo que bendice tocado con una mitra con forma de boca de pez. Los jardines de los monasterios, dice, han enriquecido las vocaciones y el lenguaje castellano. Un clérigo fumador habla en la sacristía  con voz gruesa entre vellones de humo. Se ven argollas en las puertas de nogal que delimitaban antiguamente la jurisdicción de la tierra de asilo y en los sillares de las pilastras catedralicias aun se percibe la herida de la gubia del picapedrero que las labró, operarios anónimos, de los que nada se dice, nada se sabe. Se escucha en la mañana el chacoloteo de las madreñas de las lecheras que suben la cuesta con sus herradas hacia la ciudad. Estas descripciones cuajan la mirada sobre un tiempo que se fue para no volver nunca más.
 Leer a este levantino es como calmar la sed  estética en un pilón de agua bendita,  porque siempre halla la palabra exacta. Estamos en una tierra requeté donde los mozos facciosos se unían a la partida con un escapulario bajo la camisa cuya leyenda decía: detente enemigo que el corazón de Jesús está conmigo. Era el detentebala. Pese a este amuleto la magnífica defensa fallaba y algunos no sobrevivían y los que regresaban de la partida volvían mutilados o epilépticos y el ambiente mezquino de Oleza les consumía, acabando en la cárcel o en el patíbulo donde los reos antes de morir cantaban el Salve Regina. No es posible la utopía. Quisieron construir la ciudad de Dios pero esto es un valle de lágrimas. Gabriel Miró murió joven de un ataque de apendicitis en su casa madrileña del Paseo del Prado. Siempre que bajo a los Libreros me acuerdo de él. Como muchos escritores de España tuvo una vida difícil y errabunda. Combinó su obra creativa con el oficio de amanuense en un archivo del obispado de Barcelona. También fue periodista

domingo, 15 de septiembre de 2019

CHUPÁNDOMELA !!!!

Esta foto es muy sugerente  y yo he sabido captar el mensaje elíptico de estos dos soldados gallegos defensores de España Paco Franco y Millán Astray. Lo que dicen es los rojos, los masones y los judíos, los enemigos de España me la chupais a dos manos. Jauregui, Cebrián  y toda esa faramalla de chupóteros del Regimen, ojo con vuestra lengua. Esta foto si la contempláis es toda una descarga. Eran dos valientes que supieron contestar a la provocación


domingo, 8 de septiembre de 2019


PUNGENTES MEMORIAS

Va para medio siglo de todo aquello el Londres del finiseculo, éramos felices a nuestra manera con nuestros hornillos de gas y el vasar en la scullery (fregadero) la fresquera y la trascocina la bodega donde yo guardaba el telex y al fantasma del conde Kelly. Daba los suspiros últimos lo analógico y avanzaba con la furia del caballo del Apocalipsis, briosa, la yegua de la digitalización insolente. Trump era un macarra que se beneficiaba a las gogós de Studio 54, Johnston era un adolescente escocés que se hacía pajas en Oxford y Putin era un modesto oficial de la KGB. Yo amaba y sentía pavor ante aquel trasto antidiluviano que guardaba en la "cellar" bodega un cuarto con fantasma, consumí muchos rollos de papel injertando mis comunicaciones con Madrid. Todo ese mundo lo traté de exprimir en mi novela “Corresponsal en Londres”. Yo viví aquí, dormí con muchas mozas muchas noches. El piso fue un harén y un monasterio algunos me envidiaban por ello y todavía siguen ternes erre que erre. Es bueno tener enemigos para decirles hola que os aplaste una apisonadora que os folle un buey. Los puros que yo me fumaba (aún recuerdo su vitola: panatelas), necesitaba humo para despachar la crónica, me daba miedo el futuro y me aferraba al presente. Una bañera etrusca valía para que se bañase un turco una vez resbalé y rompí una costilla cuando cambia el tiempo aun me duele. Igual que al Dr. Freud a mí me han gustado siempre los bajos y los sótanos nunca viví en las azoteas. Ella nunca volvió y el tiempo se fue. Viví los 70 en blanco y negro fui un chico con suerte. Una diosa alta y fuerte como una cariátide de mí cuidaba. Pudo ser la Virgen María que yo tenía a la cabecera de mi camastro en la mesilla de noche.

martes, 3 de septiembre de 2019


Desolación del campamento de Robledo

El campamento de robledo milicias universitarias quince bajo la lona cabe el cerro matabueyes nuestro Grafenwohr donde aprehendimos a cantar y a amar a España es un erial abandonado el altar donde se decía la misa de campaña por los diversos pateres de los regimientos es morada de las zarzas menos mal que se llevaron el ara y no lo profanaron. Pese a todo eso, el cristo del Llano Amarillo sigue ahí manteniendo el tipo sobre un pino gigantesco en su cruz como una cumbre alta mirando misericordioso a nosotros pecadores que recordamos aquellos tiempos con nostalgia. ¿Qué fue de ti, España?