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domingo, 15 de octubre de 2017


SIEMPRE SERÉ DEL ALETI


Antonio Parra Galindo

Desde mi mesa de trabajo parece que escucho algunas tardes el eco de los goles marcados en aquellas tardes de domingo triunfales. Y hasta con los ojos de la memoria, ese tercer ojo que emplazan los místicos en algún lugar de nuestra sustancia gris alentadora, veo con claridad y con mayor nitidez que desde la grada las palomitas que hacía Pazos, aquel cancerbero gallego bajo nuestros queridos y sufridos palos colchoneros, en acrobacias insuperables o me doy cuenta de cómo collar corre la banda, Escudero cruza el medio campo como una exhalación y cede la pelota a Ben Barek  el negro o Griffa el argentino “que entraba a por uvas y daba leña” – mata Griffa, coreaban los forofos cuando hacía una de sus entradas de las suyas, “entré un poco fuerte ché, lo reconozco”(era un eufemismo; había dejado medio muerto al contrario porque la filosofía del bonaerense era inexorable: si pasa el balón no pasa el tío) y hasta me parece que estoy escuchando a Helenio Herrera cabrease con Luis el sabio de Hortaleza que era muy desigual y tenía sus tardes.

 Soy del Atleti de toda la vida (nuestro Aleti, hala Aleti de los castizos) y doy muchas gracias a los dioses por haberme dispensado el honor de venir a trabajar a un sitio como este. Santiago Rusiñol se ubica en la base oriental del añorado Metropolitano y mi consola se ubica detrás de donde estaban las porterías. Un saludo a la afición. En este stadium –así se decía antes- marcó dos goles como dos soles Gabriel Tuya en un partido internacional del Sporting Gijonés con el Mogreb de Marruecos el 26 de junio de 1948. Era todo un fenómeno pero han pasado sesenta años. Aquí la foto.

 ¿Quién me iba a decir que un día me iba a casar con la hija de este apuesto asturiano, las piernas más fuertes – era un autentico atleta- y más cotizadas de la primera división española en la temporada de 1942. ¿Quién me iba a decir a mí que terminaría mi vida laboral en este querido CIDA a las ordenes de Carmen y doña Pepi? Misterios de la existencia. cada uno tiene un destino.Penélope teje su pleita y luego que te das cuenta de que la vida no es tan mala ni tan buena como supononíamos aquellos alegres muchachos. A las tres de la tarde hace medio siglos la boca de metro de Cuatro Caminos escupía bocanadas de avidos hinchas. Había hambre de futbol. Había hambre de muchas cosas, de pan, de amor y fantasía, de libertad, pero sobre todo había hambre de futbol. Haciamos quinielas y nos intercambiábamos cromos cpon la efigie de nuestros heroes y quien me iba a decir a mí que yo me iba a casar con uno de los ídolos más difíciles de mi colección que se llamaba Cromo Balón? ¿Quién me diría a mí que yo iba a tener abono de socio perpetuo en tgribuna? Seguro que ha pasado y en estga tarde de melancolías cuando la porimjavera estgalla capullos en los chopos y castaños de Indias la S2 es un templo de Harpocrates el dios del silencio. Hay un murmullo de melancolías de viejos recuerdos. La diosa Anfegona se lleva la mano a los labios y me dice al oído:

-Sile et psalle[1], que para eso eres latinista.

 Una verdadera dádiva del cielo, un privilegio laborar en este lugar donde están tus dioses penates donde Madrid se desliza en loma hacia la Universitaria cara al sol y a las montañas de Guadarrama. Por estgas avenidas y estos barrios cuatrocamineros empecé a vivir y a solar y aquí me van a hacer jubilata. Loado sea el Dios de Israel.

 Yo como soy creyente le agradezco a la providencia la dispensa de semejante merced invitando a mis compañeros y a todos los que laboran en este edificio cuna y recriadero del libro español. Debemos de estar muy orgullosos de ser una potencia editorial. Uno de los paises del mundo que más publica y en archivistica pocas naciones nos pone un pie delante. Ahí están las últimas noticias con motivo del fallecimiento de la Duquesa de Medina sidonia que tenía en su poder el archivo más rico y completo de Occidente. Es un timbre de gloria e invito a las nuevas generaciones a que lo tengan in mente y que no desfallezcan. Los funcionarios solemos servir al Estado y no nos metemos en política como guardianes de la legalidad constitucional vigente, cualquiera que sean nuestras ideas personales.

Estamos para solucionar problemas, no crearlos y para tender libros. A los que como Larra fueron seducidos por el duende de las imprentas que nos marcó de por vida y no podemos vivir sin el olor a tinta y llevamos plomo en los pulmones de muchas madrugadas perdiendo el huelgo detrás de la noticia [esto es el descanso del guerrero pues antes que archivero fui periodista y corresponsal en el extranjero] nos gustan estos lugares donde se nos aparecen los Ángeles de las 24 redondas blancas de Salinas, y las hadas madrinas, los elfos y las ondinas que se columpian en una endecha o hacen una salida al pie de página. Libros más libros y venga libros anunciadores de la cultura, portadores de la idea.

Los extremismos de derechas y de izquierdas se curan con la lectura y la reflexión en estas salas de lecturas que se nos han convertido en claustros monacales gracias a los cerebros electrónicos. Libros y ordenadores. El pasado y el futuro se han puesto a jugar al corro. MacLuhan y Guttemberg se dan el pico. Alguna vez tenía que ser. Todo fluye y todo confluye en esta vida. Ensayos, novelas y poemas y versos más versos para los inversos y los perversos que decía Gerardo Diego. Tengo la sensación de que he llegado a algo en la vida y que no me voy a jubilar al año que viene, Deo volente, con las manos vacías.

 Otros han buscado el halo de la gloria o saltaron de un brinco al carro de la fama. Yo he preferido la “aurea mediocritas” horaciana de los versos de Fray Luis. Y me doy con un canto en los dientes. Yolanda Muñoz, gracias.

 Tiene Clarín un cuento  que  me entusiasma; en él  cuenta la historia de Estilicón un periodista de fines de la Restauración que había sido el numero uno en la carrera pero que acaba de fracasado en la vida en una covachuela con unos manguitos preparando un boletín ¡oh qué palabra más horrible! Para el ministro, con un tarro de goma arábiga y unas tijeras por instrumento de trabajo. A media tarde se le aparecía un diablo risueño que en tono sarcástico le daba tajo y trabajo mientras le decía:

       -Estilicón, recorta cabrón

y él se ponía a recortar los artículos de fondo del “Solfeo” o del “Imparcial” que él nunca había escrito en el periódico donde no había él estampado su firma.

 A veces la vida literaria, ardua y bronca, incomprensible pero gratificante en sí misma, puede tener estas decepciones y contradicciones. Pero el que no se consuela es porque no quiere. Lo demás se os dará por añadidura.

 Uno jamás podrá sentir esa frustración ante un libro bien escrito, una nueva versión  biográfica de Felipe II, una crónica sobre los padecimientos de los niños de la guerra,  o ante un joven usuario que llega en busca de bibliografía para acometer la tarea de presentarse a  oposiciones. Uno le asesora, le insinúa, se siente útil, disponible, al tanto. Es la vida que no cesa con la llegada de nuevas promociones. Nadie profanará mis oídos con el estentóreo grito de “Estilicón, recorta, cabrón” que resuena en medio del templo de las musas. La diosa Anfegona, la que en el Capitolio llevaba un anillo en la boca para sellar su silencio es un poco la protectora de los bibliotecarios y archiveros que buscan aquí inspiración

Pero sobre todo me gusta escuchar el eco de los goles coreados de las tardes triunfales. A Matías Prats le gustaba este campo. Le daba buena suerte. Y hasta yo creo que acumula un buen porcentaje de energía positiva bajo el nombre y el aura del primer equipo de Madrid que dio en llamarse el Atlético de Aviación.

 Goooooool.

 Ahora cantan los mirlos en el recoleto Parque de Viena que guarda el perfil de un melancólico traspatio de provincias tambien cpmo avaro de silencio y velando por los lemures manes y penates de aquellas apoteosis balompédicas y de otras tantas decepciones aplastantes.

¡Ah cuando rugía la marabunta! Ahora donde estaba el epicentro del lanzamiento de penaltis  o se colocaba la barrera crece un pruno. En sus ramas una mirla explaya sus arpegios doctorales buscando novio y le contesta el canto del cuco al otro lado de la fronda.

-Do re mi fa sol.

 Los rododendros guardan luto por los corners que nunca lanzamos. Yo sigo mirando el fútbol desde la barrera. Tribuna de preferencia.

 Una pareja de adolescentes sobre el pretil de un parterre se ama con furia adolescente y con tal descoco que a veces uno tiene que distraer alborozados los ojos ante tales pecadillos del amor. No dejarán nada para luego, no. Y los viernes por la tarde se reúne la peña con el botellón. Esa alegre muchachada de ahora nunca sabrá quien era Isacio Calleja o Basora o Molowny o Campanal o Gabriel Tuya o Lesmes o Gainza o Madinabeyta otro portero historico del Atlético de Madrid.

La melancolía se me agarrota, se nublan mis ojos, y siento un nudo en la garganta cuando bulevar de Reina Victoria abajo un lugar que le tengo cariño desde que era estudiante  pregunto a las acacias qué fue de tanto frenesí qué se hizo de tanto galardón. Una ardilla trepa hasta la quima de un cipres en busca de un gallardón verde.

 Compro un periódico a la hija de Vicente que era el quiosquero de toda la vida. Recordar es como volar un poco el ala delta e ir escudriñando paisajes. Donde había un trigal ahora hay un bosque y donde estaba un pinar ahora se levanta una imaginación. De antuvión me doy cuenta de que todo en la vida es transito. Sólo los libros son flores yertas de las primaveras que pasaron. Guardan el perfume del ayer. “Sont ils la neige d´autrefois” que diría Villón. Se conservan jóvenes e incólumes al paso del tiempo y guardan la carta de la novia a la que quisimos tanto o el documento o el libro de apeos. Vaya usted a saber. Yo soy del Aleti.  Y del Cida. Tengo la querencia por estos pagos. Mi existencia ha sido una peripatesis copntinua en torno al viejo campo de fútbol que nos derribaron y que atesora el el eco y el canto de las tardes triunfales de los partidos que perdimos y ganamos y gracias a eso ahora vivimos, trabajamos y seguimos soñando.

 



[1] Guarda silencio y canta

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