LERMONTOV Y EL CAÚCASO
LERMONTOV UN HEROE DE NUESTRO TIEMPO
Marzo tiene sus cosas pero no marcea este año. Los prunos están en flor y el mundo está pendiente del Ojiporcuno y del Orejudo sirviendo a Marte dios de la guerra y es a tal dios al que dedican los augures este tercer mes del año. Yo vuelvo por donde solía a mis páginas. Lo tienes crudo, Silvino, porque Putin es un tigre de papel y te llama el archivero para lárgate una de sus contumeliosas tiradas anticastristas defendiendo a Trump el impresentable y maldiciendo a la raza mora de la cual venimos muchos en España pero Alá es grande y si te sientas a la puerta de tu casa verás pasar el cadáver de tu enemigo. Eso dicen pues un héroe de nuestro tiempo a mi parecer es una sátira circasiana contra el ejército ruso, aquella infantería que hacía la guerra contra los chechenos por los desfiladeros de la gran cordillera. Asomaba la cresta la cima nevada del monte Erbús donde se dice que quedó varada el arca de Noé tras el diluvio y de perdió una de las doce tribus de Israel, se escucha el relincho de los caballos, los estampidos de los cañonazos y también la música de rigodones y mazurcas. Los oficiales de la guardia se divierten tienen amores y se disparan pistoletazos en duelos al pie de los abismos. Es un poco el mundo de Tolstoi y de Pushkin. El enigma ruso. Un inmenso país sorprendente y difícil de comprender. Ahora entiendo por qué las pajilleras rusas colman los masturbaremos de la Red. Tienen una moral distinta y un concepto diferente del sexo. Ahora comprendo por qué esa beldad siberiana inagotable libido y un poder de seducción que trae a los puteros de todo el mundo exclama que ya no hay hombres que sean capaces de satisfacerla. Olga es ninfómana. Una ninfómana que estoy por decir que aoja y hechiza a los usuarios de la sala donde espera la llegada de clientes que paguen sus servicios con tarjeta de crédito; una mamada tanto, el ahogado cuanto, el furaco que se mete en el sexo 25 dólares, el gemir de placer 100 ochavos. Pero de este mundo ya nos hablaba Lermentov escritor romántico ruso que combatió a los muslimes en la frontera persa. Son las aventuras del capitán Pechorin que mató en un duelo a otro oficial de su regimiento un tal Grutschinsky y lo despeñó. O del teniente Bullich que sostenía el criterio fatalista que nuestro destino está escrito en las estrellas. Un cosaco borracho lo partió por la mitad cuando regresaba al cuartel borracho una noche de parranda. Creía en el influjo de los astros sobre la conducta humana desdeñando a la voluntad y a la Providencia. Sostengo que Lermontov no creía en Dios. Por eso se descerrajó un tiro en lo alto de una peña. Vete tú a saber. Est bello libro es premonitorio. Su autor, introductor del romanticismo ruso, murió en un duelo a primera sangre.
miércoles, 25 de marzo de 2026