ASI VIVI YO LA INFAUSTA NOCHE DEL 23F
23 F LA GRAN CHARLOTADA
El coronel Tejero pasó ayer cumpliéndose 44 años del día de autos a mejor vida. Justus ut palma florebit (todo un signo y un aviso seguramente, el buen picoleto ha muerto en la cama a los 97 años) pero fue el gran payaso de la gran farsa.
Lo tomaron de pendejo con su histriónico gesto pistola en mano en la tribuna del congreso aquel malhadado atardecer de febrero de hace 44 años que yo recuerdo perfectamente cuando conecté el transistor, noche de transistores, noche larga.
Radiaban música militar. Cogí el tapabocas, me puse la gorra y la chaqueta de pana y me dirigí al congreso. Vivíamos en Antonio Leyva. Un hongo atmosférico sobre Madrid el sombrero de la contaminación. Había sido un invierno seco.
Sobre las calles de Valencia rodaban los tanques. El general Milán del Bosch estaba saliendo con sus tropas a la calle.
─Ya están ahí
Pero no estaban ahí. Sólo comenzaba el tinglado de la antigua farsa. Me dirigí al Café Gijón. Estaba cerrado.
Bajando por Recoletos ví a uno de la secreta que tenía a un descamisado en el suelo y le apuntaba con una pistola y en la Puerta de Alcalá fui testigo de lo que me pareció ser un golpe organizado desde arriba.
Tres tipos con cara de palo comunicándose en inglé con su walkytalky y debajo de la gabardina abultaba una Uzi la metralleta israelí. Aquellos fulanos recién aterrizados desde la base de Langley la sede de la CIA eran los que estaban dirigiendo el “golpe”.
En el Hotel Palace me tomé casi una azumbre de cervezas en parte para combatir el frío y en parte para ahuyentar el canguis.
Con mi cámara Pentax en ristre retrataba a todo lo que se movía.
Saqué incluso al general Santamaría jefe de la policía nacional meando en los urinarios de la planta baja del hotel.
Me quedé sin tabaco y le pedí un cigarrillo a un fotógrafo inglés. Me dijo que trabajaba para Reuter. Mentalmente, empecé a atar cabos mentalmente. ¿Pero cómo puede haber venido de Londres este tipo a semejante corrida de toros?
Alguien debió de darle el tip off (alerta). El retratista inglés y los tipos de la CIA con el sonotone y la gabardina, la ametralladora oculta en la pechero, fueron para mí datos convincentes de que todo aquello había sido un montaje. El objetivo desde luego apuntalar el sistema democrático que se estaba viniendo abajo y de paso acabar con el ejército español.
Cuando era corresponsal en Londres, era la idea que propalaban los británicos desguazarlo para acabar con los restos del franquismo. La idea era convertirlo en una ONG. Mi colega inglés me vigilaba con un aire de sospecha al tiempo que me surtía de Pall Mall superlargos, el tabaco caro que yo fumaba en Londres.
─No pareces español. Where are you from? Hablas el inglés como un irlandés. ¿Eres un paddy?[i]
Le dejé con la palabra en la boca y contesté a la interrogación con otra pregunta como los gallegos
─¿Y tú?
Hice a continuación mutis por el foro
El Butanito berreaba a sus anchas narrando el golpe como si fuera un partido de fútbol. Fue la noche de las radios largas y de los cuchillos largos pero luego fuese y no hubo nada como ocurría en las comedias de capa y espada.
Habló el rey de madrugada. Roma locuta causa finita. La tensión fue menguando. Y de pronto amaneció. Vimos, venida la mañana, salir ovantes, triunfantes a sus señorías, el golpe había fracasado. Ya éramos demócratas de toda la vida. Y a los pobres guardias civiles ─qué humillación─ saltando por la ventana del edificio de las Cortes.
Abrieron los estancos. Compré más tabaco. Fui a devolverle sus cigarrillos al inglés pero éste había desaparecido. Filmé dos carretes con mi querida Pentax e incauto tonto de mí se los doy a un colega del YA un tal Ángel Luis para que me los publicase (yo ya no tenía periódico) nunca los volvía a ver, porque aquel mamón trabajaba para el CESID. Con las mismas atravesando todo Madrid me dirigí a mi puesto de trabajo en la calle San Bernardo.
Yo trabajaba en el gabinete de Prensa del Ministerio de Justicia. Tenía un poco de resaca.
jueves, 26 de febrero de 2026
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