LOA A ISABEL LA CATÓLICA ARTÍFICE DE LA UNIDAD PATRIA
Ha vuelto a mis manos “Cárcel de Amor” de Diego de San Pedro poeta aúlico, un libro impotable por lo plúmbeo y abstruso pero que tiene algunos puntos aprovechables precisamente a la sazón cuando se deshace nuestra unidad secular y nos podemos convertir en un reino de taifas con el moro volviendo a Granada y otras temibles posibilidades que a tipos como yo que nos hemos educado en el amor a la patria y en el tanto monta tanto monta tanto Isabel como Fernando son postulado irrenunciable.
Ceuta todo son opiniones y reclamos y opiniones abondo de los tertulianos. Sobran palabras y faltan actos.
Para dar una patada en el culo a los invasores que pasaron la barrera y han venido a comer el pan y a cagar el morral.
Unos tíos en edad militar y con toda la testosterona a cien para fecundar españolas. Estos desharrapados traen consignas, celulares y dineros que les dio Mohamed. Panda de violadores y carteristas. ¿Dónde están los novios de la muerte, dónde los tabores de Regulares para impedir la algarada?
Aquí nadie quiere pelear. Una trasgresión de fronteras es una declaración de guerra pero ahí tenemos al mariconazo de Marlasca el ministro del Interior corriéndose de gusto y haciéndose con su maromo una paja. Este dolor que siento por Ceuta una de las primeras ciudades españolas arrebatada al sarraceno por Pedro Estopiñán me lleva al recuerdo de mis días de la infancia a mis clases de historia y a aquel libro escrito por un tal Zahonero Vivó que traía muchos “santos” (ilustraciones) en sus páginas y una de las que más me gustaban era la de la rendición de Granada el 2 de enero de 1492. Allí aparecía la reina doña Isabel subida a su caballo acicalado con lujosas gualdrapas recibiendo las llaves de la ciudad de manos de Boabdil el Chico que lloraba y las crónicas decían: llora como mujer lo que no supiste defender como hombre. Doña Isabel carillena con su velo de seda miraba al último rey moro con compasión. Nuestro profesor de historia al explicarnos este capítulo tan importante de la historia de España porque aquel día se fraguó la unidad patria lloraba y pegaba voces. Don Ramón Alonso era un curón de cuerpo enorme debía de pesar más de 130 kg con un vozarrón de esténtor pero con la testa muy pequeña tan pequeña que todas las tejas o sombreros clericales le venían grandes y por eso le llamábamos “cabeza de garbanzo”. Era el capellán de la inclusa que entonces estaba radicada en el antiguo convento de dominicos del que fue prior Torquemada. Subía a darnos clases lunes y viernes por las escalinatas del Postigo del Consuelo que perdía el bofe y olía un poco a anís. A veces se propasaba con el vino de consumir o en las sobremesas de los banquetes curiales dándole al trinquing.
─Silencio, silencio, silencio. A ver si a alguno tengo que darle un escarmiento ─ se le oía chillar cuando no nos estábamos quieto.
Amenazaba pero nunca se quitaba la correa ni la emprendía a palos con los revoltosos. Para mí las clases de historia eran las preferidas después de las de latín. Y guardo un recuerdo melancólico de aquel dibujo del libro de Vivó, del vozarrón del “Cabeza de Garbanzo” y del almaizar elegante de la Reina de Castilla fautora de nuestra unidad mirando para la eternidad. Tanto monta, monta tanto. Este lema enamoró a los castellanos. Poetas, poetisas y cronistas se hacen lengua de su inteligencia y de su virilidad siendo una mujer fuerte como demuestran estos versos de Diego de San Pedro
Diego de San Pedro era un cura de origen judío que predicaba en Peñafiel sermones sobre el amor y pertenecía a la corte de Juan II llena de poetas y trovadores. En uno de sus poemas exalta a doña Isabel:
La más alta maravilla
De cuanto pensáis podáis
Después de la Sinmancilla
Es la reina de Castilla
Es la reina que nunca yerra
Freno del desigual
Es gloria para la tierra
Es la paz en nuestras guerras
Es el bien de nuestro mal
No la engañan los que engañan
Aborrece a los groseros
Desarma a los lisonjeros
No escucha a los que cizañan
Mujer fuerte pues que se presentó en la Alhambra aquel 2 de enero con la camisa lavada. Reina cabal que desmochó las almenas de los torreones separatistas, metió en vereda a los obispos pues la oyeron decir:
─Me placen los caballeros en la pelea, los obispos de pontifical y los ladrones en la horca.
Trajo por tanto la unidad y acabó con el separatismo y la corrupción de los nobles altaneros
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