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domingo, 1 de abril de 2018

RUY DIAZ DE VIVAR


Bocatorcida se ufana y rie de nosotros. Hablan y garlan. Santifico la duda de Poncio Pilatos. Quid est veritas? él no fue responsable de la muerte del Salvador. Fue el Sanedrín responsable del deicidio. Cargan el muerto a Pilatos y he aquí que Mío Cid carga con nuestros pecados. Asesinan la verdad. Son fanáticos pero Babieca cabalga, prepara la Tizona, Villeguillo, y la adarga. Al malvado le cortaremos las barbas. ¿Tambien las orejas? No que no vaya mi crónica desorejada. Nos afrentan las hijas, nos dilapidan la esperanza, dan la vuelta al argumento. Tú campeas, buen Cid. Escucho la música de los Nibelungos. Este tiempo no es épico. No cree en las epopeyas pero tú adalid de la verdad te enfrentaste al papa. quisieron cambiarnos la Fe. Pontífices corruptos dependiendo de las arcas llenas de oro del judío. Viva los siete infantes de Lara. Sigamos el estandarte del obispo don Jerónimo que trota la cruz alzada contra Roma por la calzada de Quinea la vieja estrada que unía Astorga con Bibilis. Atienza peña muy fuerte. Que buen vasallo si hubiese buen señor Ruy Díaz  el de Vivar fue victima de la envidia y del morbo visigótico que asuela a la catolicidad. Predicáis la caridad pero ¿El amor donde está? Quiñoneros y mistureros. Difamadores y delatores. Contra ellos se enfrentó el protagonista de nuestro primer cantar de gesta libro en el cual se plasman nuestras primeras correrías. La lanza de fresno el astil y el fierro tajador. Alza el pendón alférez mesnadero que trotaba sobre una yegua embrazando el escudo en el que un dragón se pintaba con la loriga de mallas el belmez de tela acolchada y el almófar o capucha moruno. Buen Cid estas eran tus armas galopando por las parameras de Gormaz. Huesas y calzas y el yelmo de Mambrino. Tocaban atambores y detrás de la mesnada venían mulos de altos borrenes el brial de mi dama y sus bordados de ciclatón mantos de armiños ordalía y juicios de dios. Todo por Castilla la gentil bajo el cielo de la limpia cristiandad.

 

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